“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Escriptos de una era apocalíptica

lunes 13 de junio de 2022

Textos y ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales
Escriptos de una era apocalíptica, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje-collage: Wilfredo Carrizales

I

En el Año del Topo todos los hombres quedaron ciegos y se les formaron lunares en los rostros (mismos que se perforaron con alfileres atroces) y sus itinerarios no rebasaban cuatro cuadras y se taponaron los oídos con cera y se les aguaron las manos hasta el límite de escrófulas y se acostumbraron a habitar en galerías subterráneas y a alimentarse de insectos torpes y sin olor.

 

II

En el Año de la Iguana los padres quisieron igualar a sus hijos y no lograron acuerdos ni ilaciones y debieron reptar desde entonces entre sauces y saúcos, con unas grandes papadas que les obstruían la claridad meridiana y con unas crestas de espinas a lo largo de las espaldas que les producían incesantes picazones y tenían que nutrirse, exclusivamente, de huevos desguazados.

 

III

En el Año del Puerco Espín los cristales tornaron en histriones a los personajes de la política con más manías a cuestas y les hicieron roer sus propios costados donde les brotaron cuernos y sus instintos se exacerbaron hasta alturas groseras que los impulsaban a saltar en los puentes en busca de notoriedad y con jábegas en las manos para tratar de capturar ilusiones y fantasmagorías.

 

IV

En el Año del Asno los asonantes socios de lo sombrío vieron transformados sus pies en pezuñas, a las cuales aplicaban ungüentos para calmarlas, y sus cabellos se transformaron en luengos y rasposos pelajes y les surgieron agudas orejas que les permitían escuchar los cargos en contra de ellos y sus buches no lograban llenarse ni con pajas y las hernias les impedían rebuznar sin control.

 

V

En el Año de las Morenas las hembras que empleaban fuego para quemar florestas sintieron agilizarse sus cuerpos y teñirse de color pardo con manchas glaucas y sus carnes dejaron de estimarse y acumularon arrastres que las incitaban a morar en aguas estancadas y a flotar entre cordones de algas blancuzcas y a olvidarse para siempre de sus familias primigenias.

 

VI

En el Año de las Palomas los huesos de los humanos se volvieron granos y esto acortó, de modo rápido, sus vidas y entonces recurrían a prolongadas migraciones con la esperanza de revertir la desesperante situación y se transmitían mensajes de aliento que jamás se respondían y comenzaron a realizar vuelos con alas postizas y a perecer exterminados por vientos y centellas.

 

VII

En el Año de las Abejas la sociedad vivió acosada por fluidos melifluos y sustancias pegajosas muy arduas de domesticar y ni un ápice de orden había y los carpinteros rompieron sus instrumentos y se dispersaron por todos los confines y los individuos carentes de alfabetos sólo devoraban larvas y orugas y por eso sus abdómenes se transparentaron y resonaban como gelatinas.

 

VIII

En el Año de los Perros los malvados se engañaban y se causaban perjuicios mutuamente y cuando tendían sus ropas a secar muchos les defecaban encima y si emprendían cazas trashumaban días y días y no lograban nada y sus bocas se les volvían hocicos negros y entonces optaban por perseguir perras gordas y éstas al olfatearlos enroscaban las colas y escapaban por las pistas entre piruetas.

 

IX

En el Año del Zamuro se acabaron los vientos suaves y sobrevinieron espantosas tormentas e irradiaciones de ácidos repugnantes se esparcieron por doquier provocando náuseas mortales y la mortandad precedía a cualquier previsión y hasta los epilépticos sufrían trastornos por lotes y contra los muros y las jaquecas eran desiguales en intensidad pero semejantes en lo borroso.

 

X

En el Año del Caimán no se aligeraron las cargas y ni los astutos se salvaron de morir aplastados y de los taludes descendían ríos enormes de lodo que tapaban todo a su paso y los calvos aunque usaran caireles fragmentaban sus cráneos y los daños llegaban hasta las haciendas y las calamidades avanzaban sin brújula y las calaveras fulgentes agredían con sus fealdades descoyuntadas.

 

XI

En el Año de los Piojos las piorreas se volvieron normales y los parásitos andaban con total libertad por ciudades y pueblos generando miserias y barrenando los cueros cabelludos y ni con martillos se podía golpear a los parientes de los cáncanos que se incrustaban en barrena y eran plurales y los esculcadores de oficio resbalaban de continuo y labraban sus inevitables desastres.

 

XII

En el Año de los Gatos los ratones se guardaban dentro de bolsas y los gatillos se disparaban y las almas de los banqueros se torcían al modo de los tornillos y los rateros vestían camisas con franjas rojas y las parejas de enamorados danzaban en plena calle al filo de la medianoche y los siameses zanjaban sus diferencias a cuchillo y los aparejos para engatusar se hicieron imprescindibles.

 

XIII

En el Año del Toro no había vacantes en las prisiones y en las torres estallaban las campanas y la gente salía en estampida con los pies rampantes y los pirotécnicos se mostraban furiosos por las pólvoras cuarteadas y los cornudos fueron menos reprensibles y los derribadores de ancianas engañaban a los policías y quienes sabían mugir eran solicitados para despertar a los dormilones.

 

XIV

En el Año de los Saltamontes abundaban los asaltantes de caminos y ellos ondulaban entre lo verde y maduraban sus ataques y había piedras que brincaban en pos de corrientes de oro y los ojos de los alabarderos se aturdían al no poderse destacar y algunos atrevidos se zambullían con garrochas dentro de las lagunas y no solían retornar y con canutos los licenciosos se alargaban las pijas.

 

XV

En el Año del Cangrejo la vulgaridad se apropió de la gente y la hizo andar retrocediendo con sueños redondos incrustados en el cerebro y buscando inútilmente decálogos para vivir bogavantes y hartarse de astigmatismos y cangros y velar de forma permanente por si caían centellas y mellarse los dientes con conchas de cangallas y vaciarse los hombros hasta dejarlos solitarios y helados.

 

XVI

En el Año del Sapo faltó el agua clara y limpia para beber y todo el mundo bufaba y su piel se llenó de verrugas entonces saltaban como locos y se torcían los pescuezos y los tanques para almacenar el líquido que caía del cielo se cuarteaban y se perdía su contenido y había que zapar de prisa para paliar la situación y sólo sapotáceas era lo único que se conseguía para llevar a la boca.

 

XVII

En el Año del Jaguar se infectaron los jagüeyes y hubo que desaguarlos y las drupas flotaban por kilómetros y kilómetros y a los caballos se les pudrieron las crines y las onzas de oro volvieron a usarse pero nadie se libraba del peso de la angustia y jamás se había visto a tantos glotones halando cosas para engullírselas y se armaban brutales jaleos para agarrar jaleas a tiempo.

 

XVIII

En el Año de la Lechuza la leche parecía látex y ni para cosmético servía y por las noches lactófagos rapaces cometían desmanes y era necesario mocharles las orejas para desorientarlos o guindarlos de ganchos amarillos para que empalidecieran y aminoraran sus fuerzas y a flor del suelo emergían amuletos cuya procedencia se ignoraba y si alguien los tocaba sus ojos se rodeaban de oscuridad.

 

XIX

En el Año del Tiburón cualquiera lamía fusiles y se ponía a la orden del mayor escualo y luego se dedicaba a cortar animales robustos con los dientes desde el toro hasta el tapir y obtenía exagerados caudales que lo tornaban marrajo y brutal y así aprovechaba blancos fáciles y se enorgullecía de sus lauros y en las tintorerías se teñía los escasos bigotes con tintura de yodo.

 

XX

En el Año de los Zancudos las zancudas modificaron sus patas y se ahogaron por miles y los grupos de curiosos sufrían las picazones y mutuamente se ayudaban para rascarse y en sus caras se distribuían ronchas nada casuales y por más que se estrujaran las narices los mocos fluían con total independencia y hubo sitios donde se recurrió a los zancos para poder atravesar los pantanos.

Wilfredo Carrizales
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