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Encadenamientos y otras sujeciones

lunes 27 de junio de 2022

Textos y ensamblaje: Wilfredo Carrizales

1

Encadenamientos y otras sujeciones, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje: Wilfredo Carrizales

También la cadena es un puerto, un sitio para inmovilizarse y estorbarse con prejuicios y escrúpulos de la rutina. Hay repeticiones que retienen: la última a la anterior y así de modo sucesivo. Y una armazón se ensambla con el revestimiento de lo que se agacha y luego se calibra en una torre que se construye en restricción. Se refuerzan los estemples con los pasos de las gradaciones hasta fundirse en el plano que conviene a muchos. Alguien se tiraniza y no se mueve y se amenaza con unas tijeras y, quizá, en lo inmediato, se disponga a parir un encaje para descender al hueco de su alivio.

 

2

Aspirar a ser del anillo, pasándose artículos por el cuello y, al mismo tiempo, adornarse cual vagón en cadencia y además desprender unos humitos desde las paredes de la garganta. Mas la bicicleta sirve si se mantiene amarrada al material que pese lo suyo. Agriado se mentiría uno o se mencionaría entre caduceos que ya no se usan. Y un enlace de las moléculas le pondría aumento de carácter a un fenómeno de disonancia. Es la transmisión del programa que obliga a mantenerse a cotenas. Una libertad se resolvería por encima de cualquier estorbo, si dejara de renquear.

 

3

La longitud hace su terreno para emplear eslabones de un año de duración y nerviosismo. Los sonidos llegarán al habla de acuerdo a la intensidad empleada. Mientras el recorrido de las puntuaciones opera con la distinción de su automatismo. Orilleras comuniones en busca del borneo de los alambres en lucha contra su retorcimiento. Adelante varios encadenados se cohíben de pensar en aparatos para el atrevimiento y la sedición. Empero, las rejas provocan su continuidad y el hecho desquicia y preserva de aberturas a la madriguera que no es tal, sino exequias de acusado.

 

4

Abregancias de cuerpo entero con el fin de demacrar los huesos hasta la forma de guijas. Retenciones que se concatenan en lo intrínseco de las leyes y devienen en remolinos que destruyen la urdimbre de la voluntad. ¿Y por qué no ahuecarse para espantar la humillación en puertas? El arraigo de la sujeción no debe encontrarnos con las catenarias al lado, sino erectas en su propósito de desconocer las curvas. Y en eso, las manos podrían estar llevándose los acaecimientos para moverse con la festividad del rayo o para engancharse en el accesorio de un cercano fanal.

 

5

Intenta subyugarnos el tirano desvelado con sus cabestros y sus potajes de electrones, pero las alas nuestras no conocen el fallecimiento por mitologías. La desdicha se estruja entre grillos de renovada montura y las estridencias lanzadas desde las bocas con falacias y con espantos de carteles. Más se deseslabona el aprieto de los arneses de los asnos con correajes importados. Ni me apresan las tumbas ni me traban las zancadas los perros podencos desde sus podios de vencedores. Al estertor no lo tengo de vecino y logro desatascar las argollas en avanzado estado de putrefacción.

 

6

Los cadenazos logran ahuecarnos las espaldas. Para enfrentarlos nos cargamos de petacas contentivas de urdimbres. Se hace necesario incinerar las mazas y después orinar encima de los escombros. Nuestro resguardo también puede resolverse al compás de rocas de los patíbulos. ¿No bastará una leontina para pender con todas las abundancias del deterioro? Cada doce armellas sirven para estragarnos las vueltas de los vocablos. Los regímenes ascienden al hombre a la categoría de semillero que crepita o de hacedor de lo mustio con parranda en despeñadero.

 

7

Truenan, allende la línea que circula con deferencia, los cadáveres concatenados a las funciones de los justicieros. Seguiremos desangrándonos para beneplácito de la patria bonita y puta y seremos condecorados por nuestra perseverancia en la hemofilia. Y los soberbios se volverán afónicos, mientras aquí les resplandecerán los pedos que gimen con anuencias propias. (Al fondo, reina una virtual ruptura destinada a los dominados por repeticiones indefinidas). Veces sobran cuando se siente el traslado de los parapetos rotos por los inmensos choques de los santos.

 

8

Símbolos trazados con mierda introducida de contrabando y, así, temporales sin fin, abrirán caminos, en tanto irán soltando las alegorías de la mala salud. Y el sistema de las ideas propenderá hacia el gaseo con tripas de tortugas y viviremos felices desde el orto hasta el ocaso, endureciendo nuestros períodos de satisfacción y holganza. ¡Ah, y la cultura! Esa escopeta que tirotea a discreción y por mampuesto. Será menester doblegarse a la manera de navajas sin filo y raparse las cabezas y aborrascarse entre trapos que antes fueron banderas de agitación, mentiras y demagogia.

 

9

Cadañeros de las plagas, de las pestes dominantes. Labores que se espesan con los discursos de la hediondez. Malparidos los salarios reconocidos y tablas ahuecadas donde se entregan. Pero vayamos precediendo cadenas que nos sobresaltan a cada instante y nos neutralizan con inexistentes números cardinales. Zapatos de hierro para andar contentos y encontrar sumo placer en las ampollas republicanas. ¡Es como para arrojarse desnudos al interior de las aguas infectas de la nación corsaria! ¿Será fútil tallar el oro que nunca llegará a nuestras manos porque vuela muy verde?

 

10

Sometidos y despistados se oyen los gritos de quienes hicieron alardes de hombría de esclavos. Y los letrados con medallas afamándose más en la apoteosis del escarnio. Y sobran los decretos para plegarse a las adversidades con todos los dientes cariados o caídos. Nos embelesan los triunfos de los cadillos y de los cadetes ganchudos. Los polígonos bajan por sus pendientes y se enrayan con el abandono de las raciones de balas. Empero se engranan las seguridades de montañas, cordilleras, mares y llanos y valen las excusas para no descomponer los límites de las patas negras y mugrosas.

 

11

Causeando para cauterizar los focos del cautiverio. De las circunstancias de la opresión nacen las muertes que se conservan en arcas de vidrio. Y los agravios ya insolentan hasta los gallos guisados. La mansedumbre conviene a los dueños del coroto y los bárbaros relinchan sobre sus sillas con agujeros para defecar. Quien es obediente bufa de orgullo y devoción altruista. Ahora los juegos de la brutalidad intimidan a los paisanos y a los tocayos. Los mismos efectos han sido escritos sobre las cadenas que no son impacientes y que admiten el matrimonio con la sevicia y los sebos machacados.

 

12

Encajados a guisa de piezas con aberturas que penetran lazadas y ganchillos. Se encabritan los reos y se les enredan los uniformes impuestos. Tributadas las iras se les frotan alcoholes de la marginalidad. La rigidez de las cohibiciones descuella a favor de los atormentados, pues los desvalidos hasta carecen de respuestas. Las muñecas han sido enredadas junto a los tobillos y las heladas les insertan sus elementales pinzas. En verdad, la soledad se adueña de las almas de los secuestrados por los esbirros a sueldo y los quejidos se aúnan a los lamentos en un ardor extremo.

 

13

Se los retiene y se les desencamisa y los culatazos de los fusiles adoban de contusiones sus humanidades prójimas. ¿Cuáles valientes desbaratarán los oscuros tinglados del horror y la degradación? Empero los manipuladores del miedo saben cómo transformar las espinas en clavos para extraer secretos de fementidas conjuras. Otros averiguadores prensan testículos y descuartizan uñas y horadan rectos entre carcajadas y satisfacciones. ¿Quién cambiará la lástima en llanto, el suplicio en esperanza? La emancipación no se calla: sería pisotear los últimos restos de honestidad y decencia.

 

14

El decurso de la tiranía se va encabillando, mientras se distribuyen golosinas. Ahora las noches se tornaron más tenebrosas y existe un pacto entre los asesinados y los arrepentidos. Cunden las advertencias y los juguetes de exterminio. Encima de puyas nos trasladan al circo de las vergüenzas. ¿Para qué seguir meditando acerca del miedo y la cobardía? Los caballeros del hampa poseen sus razones muy valederas y nosotros nos revolvemos entre consejos de intercesores inocuos. ¿Vacilar en medio de arrebatos y distancias, rumores y debilidades galopantes? ¡Carguemos nuestro ataúd!

 

15

Estamos nublados, escasos de cautelas. ¿La vía no es enchufarse para lograr erecciones? Salimos, de continuo, por las ventanas haciendo la cruz de los penitentes y los exiliados. Los limones amplían sus querencias y la acidez y el amargor cruzan los ámbitos a merced de cuchillas. Las drogas admiradas se reparten las vitrinas y señalan las frentes de los muchachos. ¿Te buscábamos, proscripción? Y el conjunto de las encadenaduras traba las lenguas, las entendederas, los sesos. Obramos para encabronarnos y ya. ¡Hallaremos más y más cadenas, raras y correctas, y nosotros mismos nos las impondremos!

Wilfredo Carrizales
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