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A favor de la conjunción

lunes 15 de agosto de 2022
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Textos y ensamblaje: Wilfredo Carrizales
A favor de la conjunción, por Wilfredo Carrizales
Ensamblaje: Wilfredo Carrizales

1

Pido círculos y vuelvo a encerrarlos. Que valgan amanecidos; que traigan las preces a modo de clavos. Ya no hay tiempo para ceñir las pinzas. Mis brazos ya no caben en las afueras de adentro. Cayeran raíces de un corredor y luego se dijera una anuencia a deshoras. ¿Habría de huir el calor al menos? Allí juegan las aberturas más propicias, las alternancias de la laxitud. ¿Qué acostumbra llover sin gotas, mientras el azar se agita y rezuman las especias proscritas?

 

2

Aprietan los recuerdos de los granos, sus estrujamientos que sólo correteaban a ciegas. Creyéramos en obviedades, pero no formamos parte de la alegría. Los astros se han enfermado y no se ponen al descubierto; sabría lo que son si a horcajadas los atisbara a la intemperie. Los hilos se cuentan en el aire que se echa en falta. Una vez se admiten las evidencias: después el rigor continúa su labor de desgaste. Corro la voz y el fuego salta en su hoyo y las trizas se avienen al efecto.

 

3

Reí y sentí que salí. Lo exiguo acaecía con su lengüeta. Añoraba un sinnúmero de asas, de rayos y de ojeos. Porque hubo puyas que dieron a entender sus rebozos y también sus injertos. Carecía, al través, de una banda que se escribiera a sí misma y mi esquema tan pronto se eludía como tan pronto se encajaba en vano. Y se desplomaron cenizas, más allá de las suertes, y ciertas savias dejaron de pertenecerse. ¿Cuál fue el pájaro que en su ceguedad hizo palpitar el naranjo?

 

4

Acuso a mis cabellos por caerse sin oficio. Debí establecerme en su vecindad para evitar su desalojo por el clima más adversario. Alguien prescindió de velar y la desgracia me consta. Un centro se propuso como morada, mas las tardes lucharon en su contra y lo vencieron. Tuve que cubrirme de sueños y de siglos para poder concluir mi curso entre la bruma. Hasta el ámbito de la detención ingirió tejidos que antes estuvieron destinados a la adherencia de los estíos.

 

5

A simple vista las astillas se frustraron, dejaron de relucir y entorpecieron su objetivo. Cuando intenté redimirlas sonaron cánticos de defunción. Entonces me aparté de lo mustio y la sumisión y me invité a recibirme con flameos y con tañidos. Un gozo se me unió y, de manera concluyente, resoné con insinuaciones nuevas. Así extraje coloraturas que estaban arrimadas a las imágenes de los extintos félidos. Mi entrecejo fue surcado por chispas en el instante probado.

 

6

Me imbuí de aromas de chimenea, de puertas con sentencias, de barandillas con escasos ruidos… Concurrí al diálogo que se transfería desde el álbum que mutaba ante mis ojos. Entretanto se reblandecían los estallidos de las texturas y un tenue remedo nemoroso acató lo raudo del momento. Los accidentes se internaron en medio de los cabos y una porción de agua y lodo sorteó su carácter de corrimiento. Sin añadidura, rompí y rasgué los absurdos preceptos de la negligencia.

 

7

Se estancan los empireumas y no se falta a la verdad. En cifras, se desplazan las sustancias que pertenecen a las esquinas. Me abruman las reiteradas precauciones de la tierra, en momentos sin ambages. ¿Cómo debo cargar mi propia vista para no extraviarme entre los dramas de los retazos de fechas? Ya oigo que las madejas se enredan; ya percibo las irritaciones de las maderas aviesas. Tengo que exhortarme para que no pongan en jaque a la evolución del fragor de las flemas.

 

8

Me recreo en las volutas extendidas sin trazados. (Algo tendrá la atmósfera cuando levanta abluciones). Por no ser zurdo, las hojas estorban mi vuelo y eso me sacude los músculos y, tal vez, los lesione. De todo y por tono, omito el uso de vendas y rasco con las uñas a las moscas que murmuran. Me había delegado, a derechas, para discurrir con el compás de las cuerdas afirmadas en su cotidianidad. Ahora acierta el hacha y huelgo y unas piedras paren pulsos de pólvora.

 

9

Alguna intolerancia se habrá arremolinado encima del yugo de lo negro. Mas, ¿una lámina se tuesta y no hostiga? ¿Quién lo barrunta o lo clausura? Previo al albor, las cosas se encubren, la casa tiende a hundirse en ligerezas y los sedimentos ganan terreno. Con ingenuidad parto el pan previsor y doy al suelo su pedazo y alcanzo a leer en la declinación de lo incompleto. Desde un agujero se elucubran reliquias que pertenecieron al sujeto de la investidura temerosa. Y a ojeo se discierne, al cabo.

 

10

Recibí lo que fecunda desde las adyacencias: figuras brotadas con desigualdades para continuar siendo y estando en los brillos de ardentía. Se cruzaron ideas al fondo según se inclinan las tristezas de los remedos de esculturas. Los anónimos llaman a hincarse ante lo telúrico, a sabiendas de que el arrojo no ha sido tasado aún. En su receptáculo en lo sombrío, el arúspice vaticina el ladeo de los ruegos y el descalabro de los calderos. Luego, sobre ascuas, intrigarán los enmudecidos de siempre.

 

11

Fingimiento de estacadas y uno se lanza a viajar y los nudos no lo limitan. Después sobrará el tabaco y contra sus embistes reclamará un profano. Nada ofusca la naturaleza del contrito y en la enfermedad navegan sus miserias. En nuestro caso, con la oquedad nos basta. Por los poros se escapa el futuro –había dicho un sagaz- y en las entrañas se cogita mejor. De las agujas en sedición y de las polvaredas no es oportuno aludir. Y los extraños empujan sus creencias y sus adicciones.

 

12

Inicios que se tamizan con provecho para las enganches. En mi proceder, me respaldo sobre un taburete de pausas selladas. De la boca de alguien emanan supersticiones y les paso por encima y caigo sobre mis talones astutos. Por la ley de los géneros se relacionan los untos y las virtudes. Mi costumbre me abunda en serenidad y desnudo mi cabeza para que la vastedad ahonde su rito. Los sencillos exvotos han sido adheridos a la superficie que se asombra y se arracima.

 

13

Desaparecieron más adentro los filamentos enflaquecidos, aunque se les siguió viendo en cuanto relampagueaba. Hasta las áreas de estrechez concentraron blancuras disminuidas. Con alambres valían mucho las alianzas que se apuraban allende la ilusión de permanecer. Con las separaciones ya no se iban mudando los daños relamidos. Me dejé silenciar por unos alaridos que subvertían desde abajo. Empero unos redondeles comenzaron a frotarse entre sí y la contrariedad cundió.

 

14

¿Conque las médulas desprendieron ungüentos? Esas variantes del acomodo conferían cánones e ingenuos caracteres. De madrugada, copulaban las topografías muertas, lo cual me placía mientras estuve de este a sur y yacían las sombras remolonas. Quien inquiera por las causas fallece ceñido a un asiento de cenizas. Entonces el reposo se injertaría apenas y lo torcido no quedaría fuera.

 

15

Anteriormente iluminaban los estadios de las articulaciones orgánicas. Después la irrealidad sepultó todo vestigio de extensión. Así, cupe en lo que fui escuchando impreso en los vientos y un hechizo de ardid arribó, por consiguiente. Sin ayeres intencionales, las parvedades volvieron y mordieron. ¿Cuántas pude contar? Como no me afané lo suficiente, lo ignoro. Empero alguno juzgaría más tarde el desaliento que cegaba. Los abultamientos se renovaron y, al margen, les impuse modos de contingencia.

 

16

Liviandad de los elementos en conjunción y, al unísono, rumores de cierzas que se agrupan bajo la advocación de la divinidad de la flama. Y, de estímulo en estímulo, perpetúo las páginas espigadas y columbinas. (¿Podrías tú percibir el régimen que desciende? ¿Podría él o ella?). Mis dedos disparan sus cromatismos hacia lo fraterno de la absorción, mientras los acentos inhumados repican en sus vaivenes. Y los vástagos manifiestan acatamiento de las reglas ocultas en lo anegado.

 

17

Austeras finitudes atravesando lo ígneo o, por indicios, lo ácueo. Cifras ciertas recorriendo los puntos que se conectan al despeje. Intuyo los hábitos donde lo implume no posibilita el vacío. En contra de las rectas itinerantes no descuido mi voluntad. ¿Habrá apuestas por suavísimos vellones que cuelgan de sus extemporáneos avisos? Cuando las hojuelas parten, ¿qué síntoma persiste? Andarían solos los sudores del hierro y la completud antigua de las chamizas traspondrá su sino.

 

18

He de anunciar la consagración de los gajos, antes de los desvíos inminentes. He de rallar los troncos con mi rúbrica, apegado a la munificencia. Donde se colma el derrame de luz allí elevaré mi troje. Entraré con la ventisca que de otoño se confecciona y trazaré las consejas de la rusticidad. Entre meditaciones y susurros no estaré nublado, sino prendido con alma de embrujo. Habrá jornadas de molliznas y mis chanclos se enrumbarán hacia el refugio grande de los leños y el arraigo.

 

19

¿Se olvidan los helechos por carecer de preceptivas? Heredé sus hermosuras y eso a quequier no le acontece. Desde el toque de alba hasta la gravedad del ocaso me asilo en una choza con historia. No omito ningún hallazgo de las aguas que descuellan sobre sus iguales y me sumerjo dentro de sus réplicas inmoderadas. Ahí es nada y nado. También bebo las burbujas que se ofrecen distraídas y afronto cualquier pedrusco en mi garganta. Y las anguilas querellantes quizá descansen un intervalo.

 

20

Los trígonos han sido apartados y en su lugar imperan relojes de arena. Siempre el hombre se establece como extensión de lo relativo y, en ese sentido, se verifica. Luego amanecen los tránsitos y, con ellos, las serojas y los tributos de cortezas. (El hastío no es mi horma, pero masco el ojal de los timbres). Bien saben los híbridos y la curiosidad no los envilece. A ratos, se sueltan señales y entonces hay que liarlas y depositarlas encima de una elisión de cisura y aguardar el adagio del orujo.

Wilfredo Carrizales
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