Servicio de promoción de autores de Letralia

Saltar al contenido

Allende lo de encima

lunes 29 de agosto de 2022

Textos y pintura matérica: Wilfredo Carrizales
Allende lo de encima, por Wilfredo Carrizales
Pintura matérica: Wilfredo Carrizales

1

Al otro lado de las avenidas, allende los vapores, los hombres ya no superabundan. Sobre las puertas todas las contrariedades y ninguna consulta. A más de miles de presiones, los seudónimos escriben los inviernos sin características. Por todo el mundo, lo ancho tornado en estrecho. De arriba abajo, las patas de los perros trastocadas, una y otra vez, en exceso de virulencia y salubridad.

 

2

Además de las exageraciones, las pujas por atacar al débil, al viejo. A la vuelta de página, concluyen las buenas maneras. La felicidad cesa, el abandono logra trincheras. Los automóviles que atropellan adrede recorren las calles desde la mañana hasta el anochecer. Sus prefijos indican “superioridad” y abarcamientos del asco, del desprecio, de lo soez y los escupitajos con cálculo.

 

3

Según la altura, así te intimidan, de un extremo al otro. Con pavor imponen “respeto”. Sobran quienes se abovedan en su ansiedad. Los perversos llevan ventaja: las leyes los amparan y les limpian los traseros. Ellos subyugan y oprimen por placer y derriban las perspectivas de calma. Extraños seres, indeseables, intrusos que transitan entre favoritismos y estupidez animal.

 

4

Demasiada marchitez y las tormentas aflojando las carnes, dispersando las sonrisas. El agua hierve a cualquier temperatura, pero los huevos siguen crudos. El paso por los puentes es sólo para los “superiores”: chusma de entendimiento nublado. La sobrecarga se edifica con hilos sombríos y ninguna precaución es suficiente. Las cicatrices ganan en prolijidad.

 

5

Hay que comprar la miseria, atender a la oferta. Luego recargarán el precio y deberemos amputarnos los ojos, las narices, los deseos… Las veraces riendas te conducen al salón de la credulidad, donde cacarean los triunfantes, los listos, los que se sobreponen a los obstáculos guindados de las cuerdas flojas. Y se apiñan para recubrirse las cortezas de sus cuerpos.

 

6

Curiosidad para posfechar, para recocer los huesos en el crematorio. ¿Demasiado asada la dosis? ¡Páguese con dólares y asunto resuelto! ¿Me estiro para que me crean? ¿Me adorno con trapos de la última moda? ¿Bebo en exceso y arreo mis frustraciones? ¡Los vencimientos no hartan ni aunque se acentúen! ¿Y si damos un desbordamiento en la exposición de las fotografías?

 

7

¡Dadme de comer, porque si no me fatigo y me estropeo! ¡Se despuebla mi cabeza de queridos cabellos! Pero, ¿se plegarán los estratos cuando me sientan tambalear? Más vacío que otra cosa, empero no ahíto en lo superficial. En las plantas de mis pies ahora crecen hierbas que tienden hacia la exuberancia y me hacen sobresalir de entre la muchedumbre que todo lo aprecia y bien juzga.

 

8

¿Exageran los friolentos? ¿Presumen de la confianza depositada a largo plazo? Para las hartazones, fingidas, no se estipula presupuesto: se desbordaría la caja de caudales y los jardines se cubrirían de cagajones saledizos. En las persecuciones mutuas los delincuentes se explican sus causalidades y arriban prestos al lugar de las refulgencias. Y de inmediato comienzan las sustracciones de mugre.

 

9

Llenas de enajenamiento las tribunas del parloteo. Descansan los que disimulan tolerar, pero no descuidan activar el oficio de celadores. Muchísimos capataces arbitran las fuerzas desiguales, ellos tan relamidos y falsamente escrupulosos. Durante la noche reparten melindres y las coquetas se exhiben en cueros. Y el grado más alcohólico es alargado hasta quemarles las patas y las tetas.

 

10

Honores cual fatigas de bestias y viran las pelambres con total sutileza. Hay que ser astuto para chupar temprano las mandarinas y escupir las semillas dentro de las fritangas. Un gobierno de mentiras admite los alegatos para quedarse con las infecciones y las revistas ya no se regalan, pero tampoco se venden más. ¿Qué se volcará con asombro encima de los chanclos descosidos?

 

11

Rápidamente se tira al blanco que corre con piernas prestadas. De modo veloz cae perforado por unanimidad. No se descuida esparcir arena o cenizas sobre la sangre premeditada y se aprovecha el tiempo para escrutar los planos del moridero. Se estirarán cuerdas, de modo oblicuo, y quienes se dejen atrapar serán azogados entre sones de armónica y flautas jurisdiccionales.

 

12

En las partes opuestas ladran extraordinarios canes y las canas regulares de sus amos trastornan la obscuridad. (Se sobrentienden los entrenamientos previos y los trabajos de adorno). La preponderancia se manifiesta en la trata de blancas y en las ostras que se oxidan al sereno. Sobrarán prímulas para los prohombres que se reconocen sobre los crepúsculos que ovulan por coerción.

 

13

Encima de la mesa se sobresaltan los comensales al discutir acerca del condumio que no los sobrealimenta. Fruncen las cejas y se saturan de objeciones. ¿Cuál de ellos estará seguro de que posee el remedio para elevar su hinchazón de tripas? Si pusiera a buen recaudo su convencimiento, los demás glotones, sin embargo, leerían en sus ojos lo agridulce del escondido menú.

 

14

Rostros golpeados por periódicos caídos desde las azoteas y elevados balcones. Después rostros magullados grabados sobre madera de suplicio. Muchas influencias para comentar sobre esto y aquello y algo más. Algunos aparentan un tono trágico que se arruina sin demora. Y en las ventanas asedian enemigos con credenciales para expandir moquillos a discreción.

 

15

Superpuestas insolencias sin atemperar. Vestigios de derrames de espermas desde el ámbito de los resabiados. Además pringues que atruenan sobre los colchones mordidos. Se injertan a distancia manojos de nervios a los que serán linchados entre agradables interjecciones. Los neopiratas se pliegan a las exigencias del mercado y evitan rencillas para sujetar los botines con tonicidad.

 

16

En lo alto, artefactos de tortura en manos de tránsfugos. Mezcolanza de utensilios para despellejar y cortar y embutir. Presentes: zombis con metralletas; incomprendidos entes con abundancia de secaturas. De vez en cuando jadean, primorosamente, y también eructan como simples vecinos. Al borde de los urinarios, reventazones de pústulas y monólogos en exclusividad.

 

17

Por encima se arroscan quienes nos disgregan. Vibran sus visores con la traspuesta de legañas. Y ellos deambulan ebrios, revolucionarios en fechorías, reservorios de atrocidades. Los novísimos postreros, nominados al prontuario de los narcotizados a gran escala: futuros vencedores del adormecimiento. Ahora, ya, están siendo admitidos entre los crascitantes en torres.

 

18

Comparecen siempre hacia arriba, según los eslabones en uso. Se infectan de modo recíproco y tienen la potestad de pudrirse mientras caminan. La infamia los asciende a cotas del disturbio y así transmutan y se revelan penetrables por las maldiciones. También se quiebran en las subidas y sus cuerpos ruedan: peleles en vías de apaciguamiento mortal y faltando las jeremiadas.

 

19

¡Arrímate a los pútridos que han tomado puerto para el abordaje! ¡No les ofrezcas arsénico: se podrían ofender! Esa caterva de luchadores te ofrecerá catafalcos para que prediques las resoluciones del día y tú obedecerás porque llevas tu infierno contigo. El saqueo y el latrocinio repiquetearán a tus costados y tú, al socaire, te tostarás con sus brillos de joyas montaraces.

 

20

¡Que se levanten los hartos con arrullos de tripas tropicales! Las fracturas irán trepando y las botellas de excelentes licores arromanzarán sus alardes. ¡Que exciten los peñascos con aromas a ostras vulvosas! Para arriba, presurosos, vuelan los pajarracos que usurpan lo ajeno. No hay por qué arriar las velas: ellas se sujetarán solas a sus pabilos que son alambres y encontrarán su ritmo.

Wilfredo Carrizales
Últimas entradas de Wilfredo Carrizales (ver todo)