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Lo verificable no se anuncia

lunes 21 de noviembre de 2022

Textos y collage: Wilfredo Carrizales
Lo verificable no se anuncia, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1

Uno expresa la cosa y deviene en historia. Resulta una descarga en la verija: esencia de una obra de arte. Es para romperse los huesos de la aspereza o el pudor que tiende a cancelarse. Por las inmediaciones, aparatos del escurrimiento, también dispuestos a rastrillar y si uno los ve, se expone a cometer un delito. (A conciencia: me gustan más los vericuetos porque versan sobre catalepsias).

 

2

Ciertos legos llenos de bacalao. Encima del pavimento, lo que alguien sepa de las cepas y un columpiarse de los ánimos. De allí surge un epigrama y adviene la conmoción, el destierro hasta la hamaca. Mas se hace necesario mencionar el balaustre y la banca sin ornamento. No hay intromisión que valga si el sabor de la vainilla forma un asombro en la lengua común.

 

3

Nadie abjura más que quien corta los nudos de los árboles. Su ceguedad es su altruismo y la anchura de su furia rebasa la atmósfera. En días de lluvia denigra; en días de sol abomina. El hastío rompe sus botonaduras y luego se arrima al lugar de las bubas. ¿Cuándo y cómo logra sosiego? Los lapsos no lo templan, sino que manchan su escaso entusiasmo. ¿Alguna vez dejará de gritar hasta no morder?

 

4

Claraboya y pedazos de alcornoque: desfalco y bofetada. Antes de entrar en lo que cruje, preferible es carbonizar el ambiente. (No hay que olvidar que con su dedo medio las aves de rapiña indican las extensiones por recorrer). Sin cautela no se abrigan los investigados. Por las escaleras se esparcen los espíritus de las bebidas, mientras los tornillos dan vueltas y vueltas hasta la angustia.

 

5

Padre del hijo respirando una existencia incorpórea. Aun la misma estación se cansa de sus aguas y no se relativiza el estallido. Y se allegan humos para ser absorbidos de modo vulgar. No tarda el músculo en adherirse a la hipérbole, aunque se sacrifique la temperatura del enredo. Y más lástimas en las amarras, a expensas del cansancio y la logorrea. Lo luctísono adquiere su ocasión y cruza.

 

6

Fuera de las paredes, murmurantes al acoso. Figuras negras y musgosas. Cualquier emergencia no las distrae y a sus pies las larvas se redondean. En general, no obvian sus posturas; no pegan sus granizos pintados. Ante un corto número de provocaciones, se espantan entre alumbres, óxidos y zarpas. Si se mudan los guiones, purgan sus exuberancias de esquinas al anochecer.

 

7

Volver a lamer la ociosidad y deslustrar su relieve. Cumplir con el morboso retraso. Mas no habrá candela tras el espinazo que subyace. Otro testigo se apropiará de lo crónico y todavía se anunciará en reverso. Suyo el cinetismo, suya la ortodoxia, pero sin sumario compendiado. Así mismo, se aprovecharán disparos y rudos compases de los relojes carentes de mecanismos.

 

8

Vigías para los insomnios en las localidades del riesgo, según la imaginación de los tunantes. Los zoofílicos roznan entre matorrales y una clara amarillez los ilustra. Usos para todas las hilazas y palomas cortadas sobre la tierra. Siempre los jugos participando de sus colores de carnicería. La voluntad recusa las vías de la mácula y la permanencia de los estambres es un éxito seguro.

 

9

Ocultar los espejos antes de los pasmos, cubrirlos con golosinas y enigmas. Después del piso se extraen inspiraciones oscuras. Un surco se abrirá cual estrofa sobre la morfología de la bruma. Y si falta el alimento orinaremos encima de las navajas hasta componer una herrumbre que pueda naufragar. Nadie pensará en penurias ni en regiros no registrados: sólo un pájaro tragará el espacio.

 

10

Golpes sacudiendo lo sagrado sin valerse de sofismas. Un bullicio dividido en racimos y estropajos chupando las coloraciones más azuladas. Demasía del crepúsculo en lo que atañe, drama de los descensos. De modo sutil, la escandecencia varía con su fragor. Luego, banderas y guitarras en los intervalos que se mezclan. Un animal mastica el meridiano y su altura se aprecia.

 

11

¿Epigramas para epilépticos? En otras hojas ya escritos, lejos de las convulsiones. Los flagelos de las cucharas azotados por hexásticos: cabezas de estrellas sin concha. Parece que dentro de una botella se interfieren los jacintos y esto prueba la indolencia del azar. ¡Qué tortuosas las heridas en la mímica del vidrio! (Cuento dos y me enfermo y circulo trasteando, juramentado y hosco).

 

12

Lambda que se aplica a mi interior. Entremés al margen de las cuerdas. Celebro el novilunio con las imágenes de las ninfas espernancadas. Con el olfato se desatan retoños y sonidos aromáticos y brilla lo cotidiano entre fuerzas del desagravio. Mas al anochecer abunda mi ceguera y me introduzco en la virtud de la flama y un colirio borra las sombras que se enfrían y tiemblan.

 

13

Amelonadas protuberancias de hembra boyando en un agua de naipes. Y mi alter ego —niño impertinente— traga la saliva más dulce… Sé que pertenezco a la vendimia y que sostengo la parra que se esparce, pero aquel especial aroma amplía mi vista hasta el origen del astrolabio. ¿A qué fingir si la huerta me surte debajo de la ventana? ¡Ni a una cuarta del olvido me debilito!

 

14

Ajedrez, estropicios, lances de los zumbidos. Aunque me duelan las cubas y se triangulen los vinos. Toco las causas del mosto, su sinfonía de trasnocho. La confidente conversadora se muda en la almohada hacia una posición de agarre. Empero mis votos departen entre sus senos de abundancia. La embriaguez se adorna con sobriedades de arrebato y el orgasmo despunta y puebla.

 

15

Un navío donde se preservan los muertos para que no estorben. Unas bandas para el empirismo de las gárgolas. De todo hay en el ámbito de lo malsonante. Los nictófobos esconden las migajas debajo de las alfombras y las extraen cuando los oráculos les agracian. Con pies de barro se mueven entre pestilencias y desarrollan heces para el cautiverio por venir.

 

16

Porque la avena espontánea surge de las cangrejas y los incultos vacilan en afirmarlo. Profesión de patrocinio para los gases de los generales: analogía que eleva cometas. Y las burlas zumban en los agujeros de la cenestesia. Se suponen hocicos hozando en los museos, a la medida de sus necesidades. ¿Quién se cree sabedor de tales misterios, de tales hieromancias?

 

17

Nos adueñamos de la isostasia y las figuras vieron afectadas sus costumbres cotidianas. Mas, al cabo, las losas se adhirieron al canto o al estuque lastimero. En parejas mixtas hemos probado los lechos y no sacamos ninguna lección. No obstante, recibimos sortijas y un habla de lujo pesado. La nequicia resaltaba con aleteos de pirosis y después se establecía en lo escabroso, con puntualidad.

 

18

Por partes y momerías y un parloteo entre comadres litigantes. Aquí, el paroxismo; acullá, la convidada agonía. Los idiotas ni saben cruzar un arroyo ni escalar una humilde silla. Sólo un responso les aguarda. Mientras tanto las cajas de resonancia hacen su trabajo, serenas y nada esmirriadas. La estratagema consiste en lograr el desvarío de los taimados.

 

19

Uvas para los perros y que conserven sus pulgas. Ahora los vampiros revolotean en retroceso y a las codiciosas les tiemblan los pocos corazones. Se precisan trincheras de sal y ajos y un coraje ácido y genital. De cosquillas suelen perecer los cerdos y sus colas mutan en corchos. Si tomamos la decisión de palparlos, descubriremos que sus lomos son pura apariencia inane.

 

20

Orbícola donde me daban visas me aproximaba al contorno de los temas propiciados. Vi orcas corpulentas rectificando sus ataques; observé osamentas flotando sobre las olas; miré orgías de algas y gaviotas… Orquesté vibraciones para el olfato y le di nacimiento a cercaduras de corales. Al final, quise tanta tierra que lo espontáneo devino en asechanza, en trama con escasas plumas.

Wilfredo Carrizales
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