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Seis postales colgadas en una pared decembrina

lunes 19 de diciembre de 2022
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Textos y pinturas a la tinta: Wilfredo Carrizales

Liminar

El “tigre de los muros” ya se está alejando con gran postín, mientras ostenta sobre su lomo la ambición cumplida durante doce meses. Me deja en su tinglado tarjetas coloreadas para reforzar su tránsito por estos predios y las cuelgo entonces sobre una pared que fue de diez dicentes para que ocurran y perduren —quizá— hasta la posteridad. Me apuesto, de trecho en trecho, y aguardo, sin urgencias, la franquicia que me ahorrará puestas de sol al azar.

 

Ocaso

Seis postales colgadas en una pared decembrina, por Wilfredo Carrizales
Pintura a la tinta: Wilfredo Carrizales

Mi situación de ocio, mi apartamiento de los ruidos de estos días de escándalo. Tomo mi pincel.

Momento de ocultarse, ahora que el occidente está reclinándose sin consideración. El sol decae y el horizonte también. ¿Algo distinto aparecerá mañana, en las precedencias matutinas, en lo incierto? ¿Un sonido de ocarina esplenderá en cualquier momento con las Hespérides?

Alguien llama al mar para descomponerse juntos y la paz se finge con el deseo de aislarse. Hay un odre que trasiega oscuridades y, así mismo, rojeces y lo purpúreo transita por lo suave y los observadores apenas se ofenden. Se amplía lo que fue círculo y de nada se priva y significa en la tierra de lejanías, dividida, mutada en sus abscesos. Esto no rompe ninguna celeridad.

Occiduas contingencias y la pasión que no perturba el ánimo. Un destino puede habitar de entrada en pleno declive. Se acentúa lo obvio, pero se oculta el halo y las nubes no se oponen y la fatiga obsequia su derecho a estallar de improviso. El libro mudo se desplegará con su solsticio bermejo.

 

Rojal

Seis postales colgadas en una pared decembrina, por Wilfredo Carrizales
Pintura a la tinta: Wilfredo Carrizales

Por encima y por dentro ruedan las negruras y apenas carcomen el terreno minúsculo.

Rosa de umbra en busca de su rubor. Inclinaciones en la rusticidad que apenas se infla.

Dentro de un paraje, una vegetación de otoño más que tardío. Los rumores huyen; no los saluda la alquería. Se extinguieron los adversarios pelirrojos entre regímenes con pesadez de grana.

Y hay hogueras para las rogativas y las ascuas giran con el viento al oeste. Rufas noches en áticos sin ladrillos. A veces, se acusan escritos de una villa que atravesó la riada y luego zanjada estuvo.

Barreras para los rediles donde no gimen los puentes. Sendas destinadas a los no justos. Simientes emergidas todas de la común virtud. Estaba la madre de la gleba aupada y rubicunda, mientras las almas abrevaban en los cuencos de tojos y males.

Un rodeo en torno a los abetos y los caracoles moviendo el múrice hacia el teñido de las roldanas. Tardan los meridianos solares, embebidos dentro de los sudores de cangrejos aledaños.

Sanguinas para lo sidéreo inmediato y que caigan sobre los nombres carentes de siglas. Sólo la salvia se aparta de lo morado y se integra al rosicler que le marca la ruta y no la roe.

 

Laberinto

Seis postales colgadas en una pared decembrina, por Wilfredo Carrizales
Pintura a la tinta: Wilfredo Carrizales

Copiosas manchas negrales se cruzan sobre el minio del ámbito de los reptiles. El camino construido fue sin distracción. Sí, hubo jaleos, pero lo acústico los arrolló con prontitud.

La estructura posee el derecho de ser leída al revés. La encrucijada orienta con sus rodeos que conducen adonde naufragan lajas pesarosas. Y el lapso de un cieno de fuego se intersiere.

Idiomas de los murciélagos debatiéndose en su interior. Islas o plintos en el trastorno de la necrosis. Endrinas empeñadas en contraer astringencias de las radiaciones fatales.

Se alude a lo cósmico sin centro, a la alquimia que retorna tras su derrumbe. Mas, ¿no será adecuado como suelo para peregrinar con cruces de trompetas y llaves zodiacales?

Un muro acude con sus emblemas que se van desliendo y la entrada a nuevos neófitos está prohibida por el alejamiento de los espejos que casi no rutilan ya hartos de chispas.

Da un auge de laberinto lo rojeante en los extremos. Tiende a perderse el inocuo santuario por falta de sustituto. De los diagramas que nunca se asimilan devienen imágenes abstrusas, formas de la destrucción de las langostas en sus irregularidades de barnices, de tinturas o ácidos del encendido.

 

Conjunción

Seis postales colgadas en una pared decembrina, por Wilfredo Carrizales
Pintura a la tinta: Wilfredo Carrizales

En busca de la unidad extraviada, al parecer, a perpetuidad. Sentidos de la aspiración a morar dentro de astrolabios. Se generan misticismos de las conchas del arrebol: esas coincidencias puramente en el designio de lo inexorable. Unos símbolos se eliden para no afrontar negreguras.

Aquellas noches ya no estaban allí: se habían alienado, intimando con el lingam infecundo. Al respecto, se narraron de los sínodos las sendas de las mismas posiciones y un apéndice de astro fue papel. Nadie oró por los peligros que implicaban enjambres, ni tampoco por el ciclo de hornadas.

Interlunios forjados en talleres de fundición. Y desde lo celeste una marcha de elementos de luto.

Transferidas conjugaciones de las longitudes del parentesco vagabundo. Allende los sibucaos, oraciones de la sicalipsis y volutas que se resuelven entre dificultades.

Detalles de cuando los eclipses son dobles y se esfuerzan por no envejecer. Un invierno asoleado y un cesto de frutas maduras: agasajos de la escalda. Y los rombos y sus roturas vulcanizándose detrás de los torbellinos sin respiración. Queda la tiniebla con su magma de frecuencias inferiores.

Del modo de los órganos que subyuga el albín se deducen paisajes de minucias sin tutoría. También corresponden recintos con las ideas en turgencia, con incendios de lo ajeno.

Fulgores para no disolverse. Mandorlas que se destiñen y ganan espesura después de las sangres. Aquello que antes atraía por su rubicundez, ahora sólo ornamenta los conjuntos espurios, espaciales. Empero, ¿el omphalós aún comunica con los difuntos que prueban sus texturas ígneas?

Líneas que fueron rectas y ya no lo son, consumidas por llamas no coincidentes. Y la involución de lo gráfico se une al estado del equilibrio que muta entre ataques de rubíes y de cerezas al viento. Lo negro incluso no sorprende y su oro encajado y su excremento se siegan en el tropiezo.

 

Envolvimiento

Seis postales colgadas en una pared decembrina, por Wilfredo Carrizales
Pintura a la tinta: Wilfredo Carrizales

Cuervos que fueron vistos aglutinándose y un eremita les devolvía su ancianidad. La red de los instintos apresaba a los taciturnos y ninguna reserva parpadeaba y la pasión se tornó empírica.

Desde las lacerías, animales engruteciéndose con vegetales. Paralelos azabaches involucionando en busca de cofres con hartas heridas. Los de la integración afirmaban los haces de losanges, previendo victorias imperfectas. Cada crecimiento aprisionado recurría enseguida a la oquedad.

Un hálito bárbaro insurge por encima del tremedal de los lóbulos grancé. Composturas de los sables heráldicos que escurren desde los retretes de las criptas y el pavor se basta.

Relaciones ya completas con las nocturnancias de pelos de gatos renegridos, mientras las eclosiones del rubidio se han propagado dando vueltas sobre sí mismas y lo adverso continúa.

Siluetas en descomposición describiendo audacias de fogones y otras difidencias se envuelven y se congestionan. ¿Meras variantes de lo fúnebre que optan por no desaparecer y guarecerse con capas de melanuria? Las pieles han mutado en enredaderas y esa travesía nadie en decadencia la relata. Entonces de las lianas con sueños se desprenden fulgores rápidos de almagra y cesa la savia.

 

Arcano

Seis postales colgadas en una pared decembrina, por Wilfredo Carrizales
Pintura a la tinta: Wilfredo Carrizales

Arquetipo que carece de recuerdos: su origen no está en paisaje alguno. Un pozo que se hizo rosmarino de tanto padecer, de tanto sufrir roturas. Y la maldad de sobrevivientes arcabuces profanando sus almas, porque varias tuvo y en siniestros acabaron.

Lugar con objetivos arbitrarios, sitio del brillo desecado. Una mezcla de causas y ficciones, heladas y betunes, primitivas sustancias de la podre. ¿Y negada identidad de lo abrupto sin vallas?

Existe, por lo demás, un estirarse de coral en función armígera, soslayando los brunos espantajos. Desconociéndose lo metamorfoseado, su poder de ablandar pájaros del crepúsculo, sublimar espíritus y espinas hasta contraponer los elementos de los límites a su modo.

Al pensar en música, se echa encima una porción de cefaleas no contritas y una disolución de cobrizos vinos tiende a arrastrar el marco de la quietud y lo resedáceo. Y el sojorno enfada.

Se anhelaba un puñal rusiente y punto. Y surgió y cayó de bruces y ensució la fragua entrevista. Astillas de lignito equivocaron sus turgencias y esto dio pie a una abstracción que ataba las pupilas. Y rizos concernientes desplegaron sus cabelleras de fresas místicas y los zumos frustraron su itinerario.

Por el umbral del frente, sonido y relámpago de lo primordial, trascendieron poseedores de dinteles en busca de rectitud. Contenidos utensilios con punta y vado destinaron sus momentos en propagar mensajes desde tapices no visibles y sólo lograron impiedades de extraña universalidad.

(Creímos en la creación de timones y tijeras y en los derechos del estío en asentar su coloratura de ardimiento. Crecimos aferrados al estallido que menstruaba e in crescendo hicimos crepitar las crestas alboreadas de los gallos. Cremamos las crecientes credulidades de los necios y ni sus criznejas se salvaron. ¡Creaturas de los candelabros han advenido desde entonces y refulgen!).

Wilfredo Carrizales
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