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Equívocos en la penumbra

lunes 10 de julio de 2023
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
Equívocos en la penumbra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

El bulbo ha dejado de mostrar sus dientes, pero el corazón y la respiración de la vulva bullen en afanosa actividad. (Los impulsos de antaño se mantienen, entonces (¿habrá por cierto un entonces?) las noticias atinentes se propalan y los nervios se desmenuzan en porciones. El bulbo se mueve inquieto: ¿anhelará un ruiseñor de la turbulencia?). La vulva ha sido vulnerada con grave perjuicio para su astucia. (Nadie se acuerda de la costumbre establecida y el vulturno queda con ustedes, con nosotros, los muy sensibles, con aquellos a quienes la vulgaridad les ha dado una vuelta de contracción y media y un vuelo en busca de lo atacable en la abertura).

 

2

Caballa salida de los escombros, tan fresca, tan marina y deslizante sobre rayas oscuras que se mojan y le aprestan el lomo cabalístico y el caballo no es su compañero arqueado ni puede serlo, sino que él redunda en un mamífero suave, a veces con palos y con algunas copas y en su medida se sierra y uno se lo figura en un océano con vapores (¿acaso hipocampo, mas nunca hipopótamo?) y acudimos en su defensa si lo necesita y, de pronto, recordamos que la caballa permanece expuesta (ella para nada yegua con prominencia), deprisa y regalada y tememos por su esterilidad y el quebranto nos sostiene y un relincho brota de ambiguas y semejantes orillas.

 

3

Habría que plegarse a las cuadernas y traer un pan y una moneda, por ejemplo, casi perfectos, y nuestro equivalente real sería un juego sobre las tablas que nos arrancarían la salvación de los naufragios y en las curvas antiguas de los archipiélagos armaríamos barcos que pesen tanto como nuestras costillas y todo se apuntaría en pliegos de cuadrantes y allí se registrarían los cantos y las memorias y a base de apuntes y costuras devendríamos en cuadernos sin pasos previos por las bitácoras y bellas colegialas redactarían sus querencias y también sus deseos con la relación de sus exuberantes cuerpos que se asemejarían a los de las sirenas en permanente celo.

 

4

Bombos con el ruido de alambres rodando dentro de jaulas para maniobrar los números del exterminio o para orquestar embarazos de mujeres pertenecientes a las bandas exageradas y, de modo general, un sorteo de manubrios y de elogios chatos para aturdirse y luego anuncios de vientres con músicas y rifas de repetición, empero los artefactos de la guerra se avienen a sus explosiones y proyectan sus muertes por doquier (en los bares, en las pizzerías, en las discotecas…) y las destrucciones son atentados con años de anticipo y si apestan las deposiciones alguien la pasará estupendo inmerso en su bunker, mientras los caros licores anuncian sus brindis.

 

5

Grillos deambulan entre las casas rojizas y el arranque de sus estridencias no deja dormir a los habitantes de esas moradas. Los machos se afanan en el rozamiento de los élitros, sin importarles si es verano u otoño y si encuentran cebollas, sus cantos se vuelven más picantes y cortones. No hay quien pueda grilletes ponerles: a muchos les da grima tocarlos, pues creen que luego los atenaza la gripe. ¡Eso es grilla! El sitio se hubo grillado y las grillas, muy locas ellas, comenzaron a lanzar guijas y a poner celadas y todo se volvió una olla de fierros y calcetas y la comunidad de grillos se guardó debajo de lo amarillo y se sujetó a los adobes de la expresión y calló.

 

6

A la cima subió el penitente con los cilicios, mientras resonaban los címbalos y los cohetes y se sentía un temblor de tierra y el apogeo de la inminente gloria era ya manifiesto y en la altura de la montaña había coronas de hierbas y crestas de urogallos y la situación tendía hacia la hinchazón y las cejas de los penitentes semejaban picachos donde no se distinguían las divisorias y fue de tal modo el ansia de lograr pronto la cúspide que ellos dieron con sus testas dentro de la sima que se convirtió en su despeñadero y terminaron moldeados en lo cóncavo y grietas y tajos les cundían por los cuerpos ahora silvestres y el abismo les fue propicio y en él nada ya simularon.

 

7

En puertas inmediatas las curiosidades para acoger custodiados por luces y mamparas, aun cuando los cristales se hayan marchado de sus sitios y las entradas sean un sistema de fuerza que no prevé golpes y hacia el campo no se contengan batientes con la esperanza de que no ocurran derrames y también para mantener cercados a los mendigos y a los golfos en su totalidad. Entretanto el puerto se iría construyendo con los ramajes que suban, sin aprensión, desde los pasos accesibles de los desfiladeros, donde existen refugios contra las tormentas con pesos azarientos y la escala devendría en puerta franca sin aldabas, pero con las cortinas corridas.

 

8

La tropa se amarida con la milicia y se la lleva al lugar del ganado y allí se ejercitan y se sueldan según las clases, evitando al máximo los tropiezos y armándose con calificativos muy apropiados a la recua. De las picazones de los zancudos surgen los piquetes y las columnas para las cornetas y para la gente de espaldas tórridas, o sea, aquella a la cual la gana la prisa turbulenta y se atropella. Empero a la vuelta el estilo se impone y muchos se aferran a los tropos o a los discursos profanos y se extienden en sus atmósferas de costumbres y localizan las circunstancias donde dejan de existir las moralidades morosas y las doctrinas que se troquelan o incluso se truecan a la manera clásica de la retaguardia.

 

9

Gallinas en procura de gayos emplumados del corral y el guiso para la forja estará a punto y los huevos no serán cobardes porque las yemas saldrán con su salsa y las ponedoras (y disponedoras) aves no se anunciarán flojas ni jugadoras y cuando haya que descubrirse los muslos se los reconocerán destapándoselos. Si ellas se tornan ciegas se cogerán de las alas y no se cohibirán al buscarse maridos nada pusilánimes y así en el gallinero se impondrá el insólito gayar y las ganancias irán cual menudillos y la cancha se ampliará hasta que la modere la razón y los transportes tendrán su galería y entre sueños se escarbará en pos de granos y rehiletes.

 

10

Pene por ahora, le recomendaron, y él dispuesto a padecer, aunque lo sumiera la intranquilidad y su ansiedad llegara a incrementarse. Penalidades vendrían e irían y él particularizado como uno de los dioses penates, enhiesto para no borrarse, lleno de sangre, nervios y vitalidad. En absoluto agonizar en la otra vida: su péndulo, con priapismo y demás, necesitaba castigar innumerables rajaduras de amor, infiernos para abrasarse sin cauterización. Pene por los momentos, le sugirieron, hasta que la pena deje de ser pendencia y se convierta en agonía deliciosa, con sus distinciones entre espasmos y alargados deliquios. Pene y sienta el agite entre los muslos apenados.

 

11

Las vislumbramos: rayas contrastadas con las trazas del alba. Eran extensas, finas: vellos desprendidos de un pubis volandero, dispuesto a la transparencia a ratos. Eso deslumbró por no ser creíble y estrecharse a lo verjurado. También rayas con guiones y sus dosis de pliegues y contorsiones sobre el límite de una mano sin fin. Y, de súbito, una descarga entre dos empujes y una ráfaga de luz – ¿un rayo? – y aquella alegría con exuberante fuerza y el olor y el sabor a centella y la excelencia de un orgasmo incidiendo sobre las perneras con su fulminación y el calor infrarrojo ponderando los sentidos para subrayar el bullicio de un surco excogitado y pleno.

 

12

Salvo llegó, pero no sano. Era proclive al sufrimiento menos frecuente y no había sitio seguro ni para él ni para su hermana. Estaba siempre donde no tenía que estar: al alcance de la desprotección. Alguien podía ser su conducto para huir, salvo que se figurara exento de peligro y el ataque viniese de modo libre, sin obstáculos y ni un pasaporte estuviera a mano… Después de la fuga, la salva y sus compinches disparando armas de fuego y él pregustando la creencia en la inmortalidad y aplausos aprobando su conducta y él acogido por una falsa solemnidad, porque además poseía una promesa de ser indemne y un alma envenenada que lo ponía a salvo.

 

13

Jaleo de cobres y de música y el griterío y la agitación y los ojeos para la intriga. Palmadas que cantaban al son de coplas salaces y el lisonjeo para luego manosear nalgas con despropósito y majadería. Aparato para el enredo y los chismes tras la algazara y las fichas que se heredaban junto con las fechas de los barullos carnales. Las cabezas en el colmo del trastorno y hasta los codos cautivos por el licor. Y la promoción para meterle diente a las frutas debajo de los ombligos. Y las jaleas consentían en el endulzamiento de pieles desnudas, con o sin el adorno de pulpas y la real consistencia se añadía en el entramado de la fornicación más tardía.

 

14

De mi lado el brazo ciñéndose a la cintura y yo con referencia a un espacio que desde abajo parecía progresar hacia arriba y volverse voluptuoso. El lado de la ventana le pertenecía y su seno izquierdo era un evangelio algo ladino. El reloj, poco diestro, ya era paralítico y ningún desacuerdo lo distinguía de los otros instrumentos similares. Del lado de la calle se generaban aristas que venían a amoldarse a su columna vertebral y yo gozaba de sus ángulos más insinuantes y misteriosos. Al lado de la lámpara, un espejo para reflejar la opulencia de sus muslos y del sitio del jardín exiguo, una lada de flores muy blancas incitaba al buen aprovechamiento del aroma cerval.

Equívocos en la penumbra, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales
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