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Períodos en la periferia

lunes 21 de agosto de 2023
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
Períodos en la periferia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

1

Longitudes del tiempo y sólo un número de palabras entre la umbra. Referencias con exactitudes para alargar los maniquíes por décadas, por segundos de noches sin fortuna. (Una centuria se parte a deshora y con frecuencia se divide en cuartos para los cambios, mientras las rosas malditas o de musgo, una y otra vez, lanzan sus precios de primero).

 

2

Una generación creciendo bajo los árboles más aproximados. Algunas de las ramas se balancean en sus periodos con el énfasis en la cortedad de los mensajes. Y los ratos se truecan en finales de proyectos que nunca causaron ardores. (Los mismos trabajos de desgaste se vienen haciendo sin esperar latitudes, sin aguardar la eternidad en su no patente reposo).

 

3

Llénanse las formas de edades sin constancia, mientras las viejas botas conservan la mugre para testimoniar lo que hubo. Allí (¿dónde?) estuvieron constructores que sólo comenzaron sus propias temporalidades y ahora sus momentos se han ido de pronto y ellos continúan abrazados a un presente que se vuelve añicos. (Los elementos de la periferia repiten sin cesar sus sonidos de abstracción y asombran a quienes se descargan de sus cumpleaños).

 

4

Siguen las resonancias de los futuros estallidos. Laten las músicas a setenta revoluciones por minuto y puntean los oídos hasta la flama mayor. Nuestras casas se han mezclado con sedimentos de los almanaques y muchas ya parecen hospitales en miniatura. Alrededor, las luces se inventan modos de alucinar y servir de ejemplo a las luciérnagas en vías de extinción.

 

5

Civilizados con importancia, anhelando las protervas épocas que acaban de transcurrir. Enormes las ciencias con su capacidad para eliminar el género humano. Los abuelos escuchan esas noticias y quisieran haberse muerto sin apenas haber vivido. Aquellos días de viajes a través de las añoranzas y el país entero sin poder lograr la paz y la era prometida colgando de un garfio.

 

6

Ayer pasamos semanas con carestía de instantes y los usos en realidad rebotaban degradados. Algo dentro de la posibilidad de los tránsitos se allegó a los costillares. Acaso el peligro se mostró de perfil. Los lugares tendían hacia una perforación de sus cubiertas y los maderos no ganaron nada para la nomenclatura. Llevar el compás no resultó de nuestro agrado y un constante hormigueo teñía nuestras piernas de espacios de retintín. ¿Adónde se fueron los yesqueros y sus dejos de amargura? Menudas inmediateces las que acaecieron de antiguo y sus efectos implosionando adelante y entonces los ojos sin capacidad para recrearse fenecieron a la sazón. Cuando lo continuo se hizo tormento y venideros los espasmos, se cerraron las hojas de los relojes.

 

7

Maniquíes ojerosos manipulados en manojos y el tempo estacionado como en campaña. La poda iba de amanecida y temple y las frutas necesarias viviendo apenas sin persistencia. Pero los perjuicios caían del tejado: piedras que nunca seguían de pie. Existieron otras causas de temblores y los vidrios se estuvieron rompiendo con los pedazos hundidos. Y el centro del escudo lesivo fue.

 

8

Remitido el péndulo la comunicación se tornó epónima, más allá de lo juliano y las columnas jugando a ser periódicas, a pesar de los cierres en la cronología. Los intervalos aparecidos con los resúmenes de las tiendas intensas y las dificultades cercanas a los sacrificios. Incluso los contornos pendiendo de barbas en exclusiva. Consistían los paralelos en grabados para los obituarios de personajes otrora persuasivos. Tampoco hay que olvidar los golpes que resonaron en último recurso.

 

9

Cursos de la menstruación que se repetía tras las oraciones del caso. Separación de párrafos con fiebre y las clásulas emitiéndose sin voceros a la vista. Los enlaces de la retórica anexados a los intuitos. (Más valieron los perjurios para conocimiento de los peritos). A tantos años recomenzaron los ajustes de lo mediático, aunque los corazones semejaban folletines.

 

Períodos en la periferia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

10

Mienten quienes dicen que las enfermedades poseen un cómputo. ¿Y las abundantes notas de la necrología no definen inexactitudes? Ciertos animales urbanos encabezan los ataques de improviso y éstos no pueden explicarse por antipatías acumuladas. Mas los circunloquios continúan impulsándose con el objetivo de lograr particularidades del fastidio y la indigestión.

 

11

Polvos difundidos dentro de los zapatos carentes de estaciones precisas. La unidad central de los cuerpos se disgrega y llegan los alejamientos. (En los alrededores crujen los globos de los irremediables partos, al tiempo que los ciclos se plantan sin concierto). Pudiera sobrevenir una perífrasis de las esquelas del misterio en mitad de los enconos sabiamente establecidos.

 

12

Entre el perineo y la perindola un arrebato de suscripción. ¿Se ponían las cabezas al tope, con truque y retruque? Temprano se olieron los comodines con sus hedores al tiro y las coplas de los bailarines se aflojaron para siempre jamás. Gustaban de los arrequives para los nervios más coetáneos, aquellos disidentes de las tasaciones y del culto separado del apogeo.

 

13

Úteros tardando para erigirse en fenómenos de las estancias de los recuadros. Recortes de suplementos y estampas que habrían sobrado de las acumulaciones de los sitios sin fases. (¿Recordará alguien los titulares de la prensa exclusiva para cegatos?). La actualidad se tiende hacia sus postrimerías, con su descomposición en curso y sus reglas no perfectibles.

 

14

Hombres manirrotos: muñecos de la mansedumbre. Sufren altibajos, pero permanecen en primer plano. La evacuación de las oportunidades menudea y muda para sumirse en el anacronismo. (Algunas cosas flotan en los cielos mal atardecidos y abajo los charcos encuentran sus temporadas). Entonces se suicidan las señales junto a sus coyunturas y la situación apenas se torna ardua. ¿Saldrán reportajes con la concepción del azimut, con sus ángulos de espera?

 

15

Manivelas para las mandíbulas y raíces que ya no cuido. Tiestos tempraneros en los domicilios del enterrador, cruces cortadas y vapores y un influjo de monedas de frente. Poco tiento y la tempestad deviene en barro y sustos de la creación. ¿Parterres para estar a la moda con la intemperancia y la ira escondidas en la pérgola? Me alejo con el sentido de los ladrillos, aunque las cales no me atenúen. Quizá mudanza súbita me encarcele; quizá impetre a mi entorno.

 

16

Ya los artículos atemporales han sido muertos y la cualidad de la obra no apremió. Un enjambre en las estaciones sin instaurar y es que la época descrita fue exigente conmigo mismo. Un estilo y una velocidad y alguien topándose con virtudes del reposo asaz negligente. ¿Para qué ignorar los manjares del momento, aunque inadecuados se presenten? Iremos del destino a la epidemia, maguer las pruebas se escurran y aprieten sin más las esfinges que se graban locuaces.

 

17

Cronómetros que no perduran. Artes de esgrimir orificios del cuerpo. De antiguo la ventura y los lazos y sus cortinas. (Esto de escrutar contribuye a la derivación de las escotillas). De golpe los estropajos hieden y no guían. ¿Indagaremos en las figuras caedizas, antes atornilladas a los muebles? (Comúnmente guindan las gubias de las rameras y la causa nos es desconocida).

 

18

Al tope con las fechas y las menudencias no florecen. Comparsas entre intervalos de fulgor y escarnio. (Los nuncios siquiera se pueden casar y en esa peripecia no caigo yo). Me cubriría con la toga y sus emblemas injertos e iría a parar a la feria poco frecuentada. La era desde la cual me irrito se agosta y me impide arregostarme y al bochorno no puedo incrustarlo en la bodega.

 

19

Sobran los duchos en el duelo y quedan impunes los del incesto. Hondas ojeadas para no llegar al nadir. Lapsos del deslizamiento hasta alcanzar la locura sin desgañitarse. ¿Qué me inquieta si cualquiera se quiebra? La cháchara suena mejor en romance y los canarios se llaman para aportar sus juegos en el albergue. (Estornudo en el estrado y no recibo las visitas).

 

20

Muecas de la mucama durante mi oficio de erección. Me pliego al rato a plazo no fijo. La inspiración de mi miembro es genuina en el escaparate. Al compás de la cítara balbuceo aires de antaño y desbordo de astros y de contento. (Soy fiel a la balanza de mi naturaleza y si encuentro hulla me emparento con ella y muerdo su morbo para no sentirme ni lánguido ni oscuro).

Períodos en la periferia, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales
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