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Unos días cualesquiera

lunes 25 de septiembre de 2023
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Unos días cualesquiera, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Alrededor de mi día de solaz y las vueltas enlazadas a una claridad del horizonte en ayunas. Duraría más allá de la lluvia si tomara mi nombre del agua que descendiera. Me celebro en momento y ocasión, yo que soy la persona en busca de otro cumpleaños. No quiero perder el fin de los lapsos de la astrología y, según varío, la latitud deriva en consecuencia. Paralelo, recorro los arcos que me procura la noche anunciada y diferencio mi lugar porque me elevo sobre la posición del solsticio en permanencia. Recorro y me compruebo, aunque pueda disminuir mi estatura en marcha. Dos veces muy largas me señalan los esquemas de las particularidades y asomarían los casos en procura de la no extinción.

 

2

A partir de un día subyacente, la perpetuidad doméstica de la elíptica y las máximas rebotando encima de la pared lectora. Me corresponde un período de acercamiento y cenit y un círculo exaltado por el verano. ¿Será necesario mencionar la zona templada por horas extremas? Ahora tórrido, me igualo a las figuras que se fugan hacia el hemisferio de la luminiscencia con sus valores septembrinos. Terrestre, muy a menudo, crepusculo al margen de las oquedades de la astronomía traída por el calendario ausente de ritos.

 

3

Último día vertical antes de ubicarse en el centro de la trama que se desliza aplastada por una negrura a medias. ¿Día odiado o superficial? ¿Que se pone en cuclillas para ser consecutivo? Verdades que no sorprenden, a pesar de su enfermedad que cuelga. Trabajo por las cenizas enteras y por los juicios con cuños y enuncio los preceptos de las joyas festivas. Más después me guardo dentro de mi hacienda que nunca existe y particularizo la gala donde se notan los finados en su reposo creador.

 

4

Destinado día para una de las manos menos inocente. Luego, entrada al circo de los enhiestos pescados y al teatro con previa vigilia y ramos para la epifanía de los actores. ¡Y el día que se oiga con estruendo contrapuesto y voluntad de perdurar!

 

5

Aquel día, juez de sí mismo, más vivo que muerto y en contemplación de algazara. Ese día móvil, con cuerpo de hembra atmosférica, precisa, sideral. Y mira que las estrellas diurnas se hacen de primavera y no tardan en sus apariencias. Y otro día que se colea cerrado y no se administra por carecer de ábaco. Mas lo nefasto, de improviso, se superpone y derriba lo que se suponía consagrado y se abandona por infinitos ratos doliendo en sus cuestas. Así, nada se torna hábil y ni los intervalos enseñan y transcurren los espacios a través de sus circunstancias de ciegos. No existe ningún deber de elegir días pardos ni menos aun grises o trucados. ¡Voyme entonces conjeturando, supliéndome, desposado con las corrientes de un devenir —quizá— excelso! ¡Voyme antes del amanecer de un ampliado día, culmen del despunte, vista y fecha para entenderlas!

 

6

La señora del culto a la oblicuidad me dio el día celando su desnudez. Observo los segundos entre mis pasos del ámbito siguiente. Era lícita la insignia para quebrar densidades y la causa de mis eslabones se engrasaba con intrepidez. Porque mediaba el regocijo me despejaba la mente antes del anuncio inusual. Al corriente de las letras también me posicionaba tratando de encontrar en Capricornio su trópico para mi hospedaje.

 

7

Entendiendo el día abonado acepté a la zaga los retoños del habla. Día comparándose en sucesión de frescura y diamantes. Otras distancias menores se dilataban hasta los pasados perecederos y con extrañeza se atrancaban los intervalos apenas conocidos. Empero me habilité y actué ligado a las cosas más humanas y mi semblante eludió lo mudable y mantuvo el humor para holgar con los desenlaces del azar y los novísimos mitos de la ciudad.

 

8

Anticuando su deseo, un día se confunde en mitad de los basaltos y, de acuerdo a sus esencias, escurre lo exigible de la temporada. ¿Alguien pensará en los minutos que se ahorran y no se gastan? Una diadema se configura para destellar en contingencia y anunciar el concilio de las semanas ultraminúsculas. ¡De haber sol combatiendo diablas estallarían traviesos destellos o arrojos de generalidades! Sin embargo, sólo distantes baterías expulsan sus enredos de matices y piruetas y no vacían enteramente los espejismos inmediatos.

 

9

Me digo el día cuando encuadra mi eje en el portal. Me allego a la referencia del diámetro y lo encuentro anublado, propenso a un antojo de entendimiento. Que una persona machaque su edad sin noticia del martillo es cuando mucho inverosímil. Mas hay formalidades que empiezan y no terminan y lo efímero gana su ambrosía. (Mañana hubo mediado un derecho para el victimario). Llamo desde mi área y el eco ni siquiera se arrostra. (Sospecho que lo aciago anda emboscado tras los relojes sin beneplácito).

 

10

Unos días cualesquiera, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Salón para enseñanza de días y preceptos direccionales. Con todo, funciono con lo fastuoso intercalado y me congratulo por cazar accidentes de los diarios. Un corte en las vísperas de aparición de ánimas y un sobresalto parecido a un incendio. ¿Cómo coger la inminencia del desarrollo al revés? Entonces entra cualquier hosco compendio y entonces uno permanece con la alternativa y su retraso y se pone a adquirir una vigencia de atroz feria.

 

11

Cualquier día no me niego, aunque me rehúsan. ¡Son complementos para un disgusto nunca acabado! Sobretarde para la siesta con cuencos endemoniados y monedas arrojándose debajo del sofá. Y se lubrica trasantier con su aparato a deshora y la inercia engatillada entre la prédica maldita. ¡Diametralmente matutino desaparezco ante mis propios ojos y luego me encuentro ludiando, pagando consecuencias de los dados expresos y luciendo un chasco que me incumbe hasta el énfasis de lo incluso y lo culminante!

 

12

Un día tragando luces con la esperanza de lograr un jornal. De allí se deduce un torneo y surgen alhajas en forma de lágrimas. Se vive en lo que se está con juguetes en amplia cobertura. Pero una difícil felicidad avizora una tristeza. ¿Qué sería lo que ulteriormente duraría más? No se hizo en un instante lo romo de un tiovivo y un sendero se vistió de candela. Por falta de descargo no hubo reposo ni respiro y se evitó la diacronía.

 

13

Batalla para el día en tránsito de lobreguez. Una alborada se atiborra en el recuerdo con cada ensueño revocado. Pasa lo externo dentro de lo interno y los yerros tremolan sin cesar. Flor de laxitud junto a la singladura que se demora. Se señala a un árbitro para que se asome por encima de la canícula del indudable presente. Nada retumba mientras acaecen las ofuscaciones y los telegramas se apagan sobre el suelo, estériles y despoblados.

 

14

Devenir que me entrega un día para mi fervor. Me hermano a él con residuos de discordia y el fango nos ofende. Un dictamen emerge por analogía y debemos precipitarnos en total discreción. A trazos, nos espigamos y andando nos surtimos de trepejos. Sesgadamente palpamos lo que chupa y desangra y los celajes se ejercitan, abstraídos, y las enmiendas se rajan, contritas… En lo sucesivo, privanzas con el pulso póstumo y un aturdimiento feroz.

 

15

Día y edad: coevos. Dos piedras se ponen a charlar bajo el resentimiento de un jueves y el efecto se escuda en su salida. Discos sin nada qué decirse y el laberinto construyéndose según los apuntes de los días. Y el origen nuestro en cada bosque de diafanidad y aparezco y ato los pedazos de meteoros sacados de las sentinas. Aunque estuviera deforme, no me arrojo en el destino con diatriba y me prolongo esculpiendo, esculcando, escupiendo…

 

16

De aquí al día, por la ruta escudriñada. Conducto que acecha, bandeja que escurre dibujos. Lo ajeno se extingue de modo figurado y eso me da la oportunidad de modelar mi candelabro. (Fantasía fanática de la falleba que me faltaba). Drago mi dorso para que corra el duelo, pero no olvido el síndrome de los maderos ni donde son dúplices.

 

17

Llevado por la diálisis de mi tal día razonado y las corolas en debate. Cierta pieza de tosquedad, diapasón que descompone los conjuntos referenciales. Víspera de los trapos adonde caen las polvorillas y se encizaña lo futurible. Un tiempo de esmeril que no ha llegado ni llegará, gestualidad de las quincenas bezudas y una máquina para las procesiones.

 

18

Inevitabilidad de un día después disipado. Un mío sitio de apuñalamiento con velas y con velos y una alegoría que suscita un aleluya brutal. Me regocija el hueco de la puerta y su diario deambular; me sumo en el lienzo de su visión. Cabezas de grillos en estampía y pronta la herrumbre con su encogimiento de horridez. Desde el borde, seguro con la hoz.

 

19

Falla, el día, un día, falla y un palmo de narices. Ni a sombra ni a trizas adío el carácter de los tejos. Ejerciente, desigualo las simetrías para obtener fosfenos que me alumbren, instantáneos y entendidos. Si acontecen las manchas ajusto los entibos y me agarro al yeso de los tapices. Pues, entonces, sólo se entumecen los insectos que se resfrían.

 

20

Unos días cualesquiera, por Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Lo que implica al día en su oración: cuarentena sin alborear. Acechan los paliativos y son carnosos los pedriscos; vahean las particularidades de los utensilios. Y se trenza lo alterno con lo resistente. Mas, ¡cuidado! La congoja puede soltar su albarazo y acertar entre las cejas. (A la larga, cuajarán los humos y competirán por las precedencias). Carcomas vendrán por las tardes y sonarán con indiferencia y ya no habrá serenidad ni señal parecida.

Wilfredo Carrizales
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