XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Poesía fue Gloria Cepeda

jueves 8 de junio de 2017
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Gloria Cepeda Vargas
La poeta Gloria Cepeda falleció en Popayán, Colombia, el día martes 31 de mayo de 2017 en horas de la madrugada.

Fugaz

¡Cómo se va la vida!
Su madeja
se desenreda demasiado pronto.
Una figura
de acero más delgado que el recuerdo
huye hacia los abismos de la nada.
Hoy estamos aquí
vibramos indefensos
y creemos que somos
los dueños de la luz.
De pronto empieza a hundirse
en la noche de humo
este rostro nacido
para esperar
y desaparecer.

Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas, humo que salió volando hacia los abismos de la nada. Ave perdida que voló sobre Colombia como un suspiro largo. No sabía sino volar. Desde los siete años —lo confesó— ya bullían en su cabecita las palabras y se ordenaban en fila para que la niña las escribiera. Y a partir de entonces sólo pensó en regiones, en la vida, en el fluir, como una filósofa del sentimiento.

Una vez, de visita en mi casa, divisó en mi biblioteca con ojo de águila en vuelo el libro de E. Cioran Breviario de podredumbre. Lo tomó en sus manos, lo ojeó y me preguntó si se lo prestaba. Claro, todo aquí es tuyo, le dije. Lo estuvo leyendo durante esa noche. Al otro día le pregunté cómo le había parecido. Gloria Cepeda era un prodigio para recordar. Mas por un instante yo dudé. “Me encantó”, dijo. Y empezó a recitarme todo un párrafo. Nada de lo humano le era ajeno. E intuyó que dentro de la podredumbre Cioran buscaba al hombre.

Ella no era feminista a ultranza. Reconocía la escritura allí donde estuviera. Era una poeta universal.

Era una consumada lectora y poseía un raro olfato para inhalar el néctar que tienen dentro las cosas y las personas. Y, de pronto, lo vertería en un poema. Ella era una ruiseñora. De nariz delgada, cara adusta y ceño de pensadora curtida, anduvo por estos valles de abrojos buscando pepitas de agraz como nuestro vate de Rivera. Ella no era un águila ni tuvo motor. Era un ave ligera. Sólo duró noventa años y aprendió a trinar.

Cuando murió elaboraba unos ensayos para presentarlos en las sesudas conferencias que ofrecía en los festivales de poesía o en las salas de bibliotecas. Ese era su oficio. Preparaba una reseña del movimiento de la literatura en Colombia a lo largo de nuestra corta historia.

La titulaba Los insulares. Porque distinguía que aquí no hubo como en Europa ciclos de tiempo y grupos con el mismo tono que emergieran al tiempo en su época. En Colombia quienes piensan lo hacen aislados, desconectados de la sociedad y la corriente universal.

También, y al tiempo, pergeñaba una semblanza sobre María Cano. Ese personaje indómito e ilustrado le fascinaba. Y preparaba una ponencia para el próximo Festival de Poesía en Cali. Y cara inocente me preguntaba si sería interesante escribir sobre uno u otro poeta colombiano. Ella no era feminista a ultranza. Reconocía la escritura allí donde estuviera. Era una poeta universal. También preparaba un ensayo sobre César Vallejo. Hurgaba aquí y allá en donde encontrara sosiego para su espíritu y que calara en sus oyentes.

La poesía era su territorio, aunque escribiera ensayos. Su prosa era una poesía de comienzo a fin. No sabía hacer otra cosa sino hallar imágenes, profundidades, en los resquicios más impensados. Su estilo y sus temas eran un remanso de aguas inquietas pero mansas. Porque ella conoció la fuerza del músculo sobre su espalda pero prefirió cantar sobre los temas fundamentales de la vida. La muerte, la violencia, la patria, la noche, su amada Caracas.

Un país

Era un país
donde el aire corría
por fáciles caminos.
Solía columpiarse
sobre el fulgor del mar
y poseía hombres campesinos
que morían de muerte natural.

Tenía
dos manos que sabían acariciar y trabajar
y libertad para tomar el rumbo
de pronto sin malicia ni recelo.

Las casas alumbraban hasta muy avanzada
la noche de los campos
y las viejas leyendas eran reconocidas
como dulces vigías.

Cuando la noche erraba en el viento de octubre
era fácil prender las primeras fogatas
para caldear la soledad.

Las ciudades hilaban su propia mansedumbre
y había hombres y niños asombrados
y respetados perros callejeros.

La historia de ese sitio volaba repetida
en esquinas y bares a la luz del crepúsculo
y la tierra guardaba sin esfuerzo
su sangre mineral.

Era un país como para pintarlo
para llevarlo atado a la cintura.
Se llamaba Colombia
un sencillo lugar
en América.

Del libro Colombia y ahora

Amó a Cali, su patria chica, a su Colombia, a la que entonó todo un libro de miradas tristes por su guerra intestina. Nunca la pudo gozar en paz ni ella le brindó comodidad. Amó a Venezuela por Caracas, donde vivió cuarenta años. Viajó de nuevo a esa ciudad cosmopolita donde gozó y la consintió la literatura en sus paraninfos. Y quiso volver pero la penuria le fue esquiva y los cambios de gobierno no se lo permitieron.

Cuando vuelva

Cuando vuelva a Caracas
tendré cerca
el olor a manzanas
que se abría
como tibia flor sobre la acera.
Los árboles
una vez más me entregarán la luna
me beberé de un trago lo que queda
y rastrearé la juventud en fuga
sobre los techos de la madrugada.
Cuando vuelva
regresará en el viento
mi vieja camiseta
y calzaré de nuevo sus errancias.
Bulevares medrosos
vagones solitarios
me acostumbré a la noche
a su perfume
me acostumbré a partir
a regresar
me llevé hasta la cama
tus fantasmas
y tus algarabías.
Poco a poco fui siendo de tus manos
me cerraste
me abriste
he bebido completos
tus hombres distraídos
tu sombra que sabía
de rincones
y esa manera fácil
de permitir el agua.
Contigo fui cantando
hasta el crepúsculo
fue andar sola
sin cortarle las alas
a mis alas.
Así será otra vez
cuando regrese
a tocar a tu ventana.

De su libro Caracas en el viento

Mas su estirpe era de poeta nacional, con la vista vuelta a la madre que nos donó el idioma. Y, concretamente, poseía una veneración a Cervantes y a los estandartes que sembraron la lengua de Castilla allá y aquí, en América. Le cantó todo un libro de sonetos que tituló De la vida y el sueño:

II

Este es Alonso de Quijano. Un día
echó a andar bajo el cielo que abrasaba
la gentil armadura. Amanecía
y Alonso de Quijano cabalgaba.

La alborada en agraz humedecía
matadura y sudor, espuela y grava.
El mundo entre los árboles nacía
y Alonso de Quijano cabalgaba.

A su lado en creciente, el escudero.
Como un planeta de rijoso acero
aquerencia la escuálida figura.

Este es Alonso Quijano. Cierto
por nuestra podredumbre descubierto
para la eternidad de la locura.

 

VIII

Se llamó Dulcinea. Ahí la clave
para desencantar lo padecido
trigo candeal que en límites no cabe
abastece su nombre y su apellido.

Nunca al son de moliendas o deslave
hubo cendal del cielo más guarnido.
En el jardín que la de la fruta sabe
bebió Nepente y conjuró el olvido.

Ella es aquí la sabia ordenadora
de un menaje que al sol se decolora
en el adusto campo labrantío.

Ama y varona de crujiente enagua.
Como ola en pleamar, canta su fragua
sobre las quietas hojas del estío.

 

IX

No le fue dado holgar con Dulcinea
por su caparazón de desdichado.
La más hermosa que su mano hojea
en folio más temido que guardado.

Mi amor por ella —dice— no verdea
en prado de lujuria. Bien mandado
es como mi señor quiere que sea:
Agua sin ablución, fuego domado.

Sobrepelliz de rígida estameña
desde hace cuatro siglos, la hace dueña
del empeño de amor más obligante.

Estulta y sabia, pródiga y manida.
Pregúntale a Quevedo por la vida
que apaña tu sentir. Recoge el guante.

 

XI

Manumiso, poeta, bien andante,
deshacedor de ovillos regulares,
belfo en cruz, cintarazo del levante
sobre renunciamientos como mares.

Malquisto por sobrado. Desbordante
de entelequias y ascéticos collares
Señor de lo menguado y lo abundante
Cruza mi puerta y honra mis pesares.

Miguel Cervantes y Cortina. Hiedra
De contumacia, te llamó Saavedra,
Te dio el cincel y te afinó la trilla.

Surtos en tu tizona desmandada
vamos desde la América extasiada
a los absortos campos de Castilla.

 

XII

Dicen que en Popayán reposa, al canto
del robledal en paz y el cielo en guerra.
Que no es materia oscura del espanto
Sino habitante negro de la tierra.

Dicen que remozada con el llanto
del Cauca, su osamenta se destierra
y vuelve como zumo de quebranto
hecha a las desnudeces de la sierra.

Que como en trasvasado mediodía
vamos en pos de su monomanía
fieles al mar, conscientes del cilicio.

Piedra sillar para el que cante o sueñe
tu rosa de los vientos nos enseñe
este oficio de ser que es duro oficio.

Del libro De la vida y el sueño

Sí, Gloria Cepeda Vargas era una poeta con todas sus letras y su alma delgada y leve. Fue una exhalación que vivió poco para contarnos la vida. Con cuerpo frágil y verbo fuerte fue desgranando palabras templadas al fuego y teñidas con ternura. No, ella no era vengativa ni en su corazón cabía la saña o el odio. Lejos de ella estuvo la maledicencia o el rencor. A lo sumo fustigó la guerra y la desigualdad de entre ciudadanos del pueblo y la comodidad de los tiranos. En ello coincidió con su hermano Manuel, la víctima impune.

Ser es duro oficio, lo dijo para terminar el canto a Cervantes. Ella con su vida lo certificó. Su vida, su estilo, su oficio desde los primeros años fueron las letras. Su mente, su imaginación, sus ojos, sus manos y sus dedos vivieron para la poesía. Y la poesía es un duro oficio que no da lucro. Es labor de quijotes y dulcineas y de ínsulas baratarias. Ella lo presintió, lo aceptó como modo de vida y así murió en su ley. “Sólo hay dos tiempos ciertos: la esperanza y el sueño”, dijo. Y se fue enhiesta nada más vestida con su piel de cáñamo burdo y acero que no fallece. No quise ver su cara pero llevaría entre sus labios la sonrisa de un verso de Hernández, de Federico o de Neruda. Y la transparencia de su mirada tersa y aguda.

La poeta Gloria Cepeda falleció en Popayán, Colombia, el día martes 31 de mayo de 2017 en horas de la madrugada.

Leopoldo de Quevedo y Monroy
Últimas entradas de Leopoldo de Quevedo y Monroy (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio