
Quién iba a imaginarse que la palabra del año 2025 en nuestro idioma se iba a definir en un jardín anglosajón de una casa, cada vez menos blanca, el 2 de abril de aquel año, cuando el actual presidente de Estados Unidos lanzó una ofensiva impositiva sobre medio mundo, incluidas unas islas habitadas sólo por pingüinos. En efecto, la palabra del año pasado fue arancel.
Bueno, la verdad no es que el inquilino (con pretensiones de dueño) de la ya mencionada Casa Blanca decidiera la palabra del año en idioma español (el cual califica de maldito), aunque siendo un narcisista mentiroso de una magnitud desmesurada, podría también adjudicarse ese mérito que es una selección que anualmente realiza la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), entidad promovida por la Agencia informativa EFE y la Real Academia Española (RAE), para el buen uso de nuestro idioma en los medios de comunicación sociales.
La reina Letizia de España, quien es presidenta de honor de la FundéuRAE, encabezó la ceremonia en que se informó sobre la elección de arancel como la palabra del año, que, como en cualquier concurso de belleza, es escogida entre un grupo de finalistas, entre aquellas que se han destacado en la prensa, medios y redes de comunicación, con influencia directa en la vida de la gente.
Arancel es uno de esos términos que se han escapado de los recintos cerrados de especialistas y profesores de economía para caminar libremente en las calles, en boca de todo el mundo, algo parecido como lo que ocurrió con la palabra resiliencia hace un tiempo.
Arancel en inglés es tariff, y el significado, según la misma RAE, es el de una tarifa oficial que determina los derechos que deben pagarse en varios servicios, como el de aduanas, al final un tributo que un Estado impone sobre aquellos bienes que vienen de otros países, lo que usualmente son importaciones y que, cuando eluden esos controles, se conoce como contrabando.
Arancel es un término de origen árabe que se relaciona con el alojamiento y que seguramente tenía un sentido más acogedor, acorde con el alto sentido anfitrión de esa rica cultura, y que luego se aplicó a los impuestos al transporte de mercancías. Los economistas terminaron de complicar el significado de una palabra que, como todas las de origen árabe presentes en nuestro idioma, suenan de una manera delicada, suave, aunque actualmente su significado se asocie con una manera de agresión que puede ser tan fuerte y eficaz como la de un misil intercontinental.
Muy a mi pesar, no se puede desconocer el hecho de que la palabra escogida lo fue gracias al personaje de cuyo nombre no he querido acordarme, y quien la considera, en su versión en inglés, como la más bella del diccionario. De todas formas, para engordarle el ego a ese funesto innombrable, si se puede todavía más, una de las palabras finalistas en la selección de la FundéuRAE fue trumpismo, término que, para nuestra desolación, seguramente seguirá marcando este 2026 que continúa su camino desbocado, con la vorágine de terror desatada por el mismo individuo.
- Arancel - martes 28 de abril de 2026
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