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Diálogos con Julia (XLI)
Julia y el mundo al revés

martes 19 de mayo de 2020
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Pandora
Los dioses no querían que el hombre fuera como ellos. Así que cuando Prometeo les robó el fuego, y el hombre comenzó a cocinar, a calentarse en las cuevas, a utilizar la metalurgia, los dioses lo castigaron creando a Pandora.

Diálogos con Julia, por Vicente Adelantado SorianoEl escritor español Vicente Adelantado Soriano nos presenta estas conversaciones con la lúcida y culta tía Julia, una mujer de alrededor de noventa años que igual discurre sobre temas universales como los prejuicios o las leyes, que sobre otros más cotidianos como los regalos, el cine o la moda. Una mujer, como declara el autor, de otros tiempos.
 

Allí, en medio de muchas deliberaciones sobre la administración del gobierno, Jugurta lanzó, entre otras propuestas, la de que se debían anular todas las resoluciones y decretos de los últimos cinco años, porque durante esa etapa Micipsa, abrumado por los años, no había estado en plenitud de facultades mentales.
Salustio, Guerra de Jugurta.

Aquella calurosa tarde, Julia y yo debatimos sobre la cultura o incultura de los líderes políticos y de sus secuaces. El tema no era, desde luego, apasionante. Pero valió la pena mantener la conversación: de alguna forma estábamos verbalizando lo que ambos sabíamos y sentíamos.

—Muchas veces —comencé yo— da la impresión, y creo que es así, de que los políticos hacen o dicen ciertas cosas sencillamente para llamar la atención, para que el común de los mortales sepan que están ahí, tal como hacen algunos alumnos con problemas en las clases. Y desde luego, y tal como están las cosas, es más fácil que una tontería se convierta en noticia que una acción llena de sensatez y de sentido común. La imbecilidad siempre resulta más atractiva.

De la misma forma que ni todos los chinos son budistas, ni todos los españoles cristianos, no todos somos el reflejo de esos personajillos tan vacíos, ineptos e incompetentes que tenemos en el poder.

—Culpa, al menos en parte, la tiene el periodismo: si te fijas casi todos los periódicos hoy en día tienen una sección dedicada a los programas de televisión, a las tonterías que ha dicho este o aquel, y a los zascas, otra idiotez de palabra, que el de más acá le ha propinado al de más allá. Me recuerdan, una y otra vez, a Lope de Vega con su prédica de hablarle al pueblo en necio. Lope tenía que alimentar a su numerosa familia. Igual que los periodistas imagino. Si aquél hubiera elevado mucho la acción dramática, en busca de gollerías, tal vez no hubiera sido entendido por el respetable, y hubiese dejado los corrales vacíos. Y los periódicos, al igual que Lope, tratan de seducir al mayor número posible de compradores. Lo de siempre.

—Me parece que a la democracia le está sucediendo algo parecido. De tal forma que se ha convertido en una tiranía. Aunque todo es relativo. Yo no creo que el resto del país sea de una necedad tan supina como lo hacen los líderes políticos y sus continuas payasadas.

—De todo hay en la viña del Señor. De la misma forma que ni todos los chinos son budistas, ni todos los españoles cristianos, no todos somos el reflejo de esos personajillos tan vacíos, ineptos e incompetentes que tenemos en el poder. Muchas veces su único objetivo, no les llega para más, es deshacer lo que han hecho los contrarios. El pensamiento es muy sencillo: si aquellos hicieron esto, debe de ser malo; por lo tanto, yo, que soy la oposición, debo hacer lo contrario. Y ahí tienes la explicación de por qué se han hecho tantos proyectos educativos y tantas cosas tan necias y tan absurdas.

—Tienes razón. Lo malo, o lo bueno, es que ellos son parte y jurado de lo mismo: hace ya algún tiempo, me llamó la atención, y me reí hasta que se me saltaron las lágrimas, al ver, por la televisión, que un nuevo jefe de un nuevo partido, que iba a asaltar los cielos, como un nuevo Zeus, profesor universitario para más inri, le regalaba al rey toda una caja con discos conteniendo la serie de televisión Juego de tronos. Pensé que este chico, que pretendía ser tan moderno, era, es, un perfecto imbécil, alguien que necesita del báculo para moverse e incluso estarse quieto. Si quería darle lecciones de gobernabilidad a un rey, nada mejor que regalarle las obras completas de Salustio, es decir, La guerra de Yugurta y La conspiración de Catilina. Pero claro, como dice un amigo mío, estamos donde estamos y somos quienes somos. Seguramente ni conoce esos libros.

—El gesto hubiera sido inútil además porque nadie hubiese entendido el porqué de esos libros. Aunque, dicha sea la verdad, dudo igualmente que alguien entendiera qué sentido tenía darle al rey esa serie de televisión. ¿Qué tiene que ver Juego de tronos con nuestra inmediata realidad? ¿Que todo son ambiciones y dragones? ¿Has visto la serie?

—Te cuento —le dije riéndome—. Al principio vi algunos capítulos porque aparece una actriz que me gusta mucho. Físicamente. Me parece bellísima. Si no aparecía ella, no veía el capítulo; pero como casi siempre está en danza, puedo decir que sí, que he visto la serie. Por cierto, muy de nuestra época en su última etapa. Así que al final, tras batallas, muertes sin fin, intrigas, dragones y demás, se impone la democracia. Es decir una pequeña asamblea elige a un rey impotente para que no tenga descendencia y poder votar a su sucesor. Lo malo es que los Borbones nunca han sido impotentes. No le veo sentido al regalo.

—Me parece una buena solución esa —dijo Julia riéndose también—, tener reyes impotentes. O hacer lo posible para que lo sean.

Se castiga con la prisión socorrer al prójimo. Incluso, como ha pasado en Estados Unidos, por darle agua al sediento en medio del desierto.

—No te hagas ilusiones. La democracia, al menos en teoría, no es hereditaria; pero llega a líder del partido el que se rompe el esternón, y lo que haga falta, siguiendo a su jefe, quien, a su vez, hizo lo mismo con su antecesor. Y este es postulado, como dicen ellos, para presidir todo lo que sea presidible. Lo mismo da, pues, una forma de gobierno que otra, con impotentes o con necios. Siempre es lo mismo.

—Sí. Parece que estamos atrapados en una especie de bucle…

—Yo no utilizaría ese término. Me parece que da a entender que, llegados a un punto, se vuelve al lugar de origen. Aquí estamos volviendo, si quieres, al salvajismo, a la insensibilidad de las guerras de los romanos, los cartagineses, los griegos y demás, pero no a los inicios. A no ser, y eso sería un tema a estudiar, que también allí imperara eso de la ley al revés.

—No hace falta que te marees mucho por eso. Pocas veces, a lo largo de la historia, se ha compensado la virtud, la honestidad y el resto de bellas cualidades que tan desgraciados nos hacen, como diría Joyce.

—Por desgracia se nos escapa la vida cotidiana del común de los romanos en la época de Cicerón, por ejemplo. No sé hasta qué punto, aunque creo que siempre ha sido lo mismo, un ser humano ayudaría a otro en la adversidad. No lo sé. Ahora bien, causa pasmo y terror que, actualmente, metan en prisión a personas que se dedican a rescatar a otras personas, en medio del mar, donde se juegan la vida, huyendo de sus de sus países impelidos por la guerra, el hambre, la muerte y no sé cuántas desgracias más.

—Sí, desde luego. Se castiga con la prisión socorrer al prójimo. Incluso, como ha pasado en Estados Unidos, por darle agua al sediento en medio del desierto. Pone los pelos de punta que algún que otro dirigente centre toda su política en impedir la llegada de esos emigrantes a sus países, explotando para ello lo peor del ser humano: el egoísmo, la avaricia y el miedo a perder lo poco o mucho que tengan.

—Pero no olvidemos, querida Julia, que a esos energúmenos los ha votado la gente.

—Pues algo falla en el sistema. Aunque ya sé lo que me vas a decir: que falla el hombre, capaz de darle la vuelta a todo con tal de llevarse el ascua a su sardina.

—Cada día soy más pesimista. No lo puedo evitar. Me revuelve tanto las tripas el ver a dos personas ahogadas en un río, en busca de una vida mejor, o a un niño ahogado en una playa, como ver a la policía deteniendo a la capitana de ese barco que ha rescatado a no sé cuántas personas de morir ahogadas en medio del mar. Es vomitivo, asqueroso, repugnante.

—Pues no lo digas por ahí porque estos demagogos te dirán, enseguida, que cuántos emigrantes quieres que te envíen a casa.

—Sí, su comprimido cerebro no da para más, ni sus ojos para más altas miras. Todo esto, Julia, no hace sino traerme a la memoria el mito o el cuento, como quieras llamarlo, de Pandora y su famosa caja, que no era tal. Sabes que los dioses no querían que el hombre fuera como ellos. Así que cuando Prometeo les robó el fuego, y el hombre comenzó a cocinar, a calentarse en las cuevas, a utilizar la metalurgia, los dioses lo castigaron creando a Pandora. A ésta le dieron una vasija con la prohibición de que la abriera. Lo de siempre: apetece lo prohibido. Pandora abrió la vasija, y de allí salieron la guerra, la muerte, el hambre, las enfermedades… Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, taponó la vasija, y en ella sólo la esperanza quedó encerrada. Para siempre jamás.

—Me parece una explicación preciosa. Y muy pesimista. Ahora bien, yo creo que el hombre es perfeccionable.

—Lo cual no quiere decir que se deje perfeccionar. O que lo desee.

Si es cierto, como dice la Biblia, que todo verdor perecerá, por la misma regla de tres, también perecerán los cerebros agostados y faltos de riego.

—No tenemos solución…

—Los egoísmos y las escasas miras de unos y otros nos han llevado a esta absurda situación. Cuando Yugurta pretendió derogar los acuerdos del rey, para hacer él lo que le viniera en gana, no cayó en la cuenta de que entre esos acuerdos estaba el que él fuera uno de sus herederos. Cuando se percató de su error utilizó la fuerza y la violencia para que nadie lo obligara a renunciar a sus pretendidos derechos. Esperemos que estos politicuchos, que se dedican a deshacer lo hecho por los otros, los anteriores, sea bueno o malo, no puedan recurrir nunca a semejante argucia.

—Me pones los pelos de punta. Pero viendo el mercadeo en el que se ha convertido la política en este corralón lleno de sol, lo único que me extrañaría es que apareciera por ahí, salida de otra caja, de Pandora o de Mari Pili, la solidaridad, el compañerismo, la educación, la…

—No perdamos la esperanza, aunque dicen que es verde y se la comió un burro.

—Si es cierto, como dice la Biblia, que todo verdor perecerá, por la misma regla de tres, también perecerán los cerebros agostados y faltos de riego. Demos un resquicio a la esperanza.

—Así sea. Y hagamos la cena mientras esperamos. Que así la espera se nos hará menos larga y aburrida.

Sea.

 

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